El informe, titulado 'Una pesadilla persistente', alerta del deterioro de las condiciones de vida de niños y jóvenes en todo el país y señala que el 22 % de los hogares encuestados afirmó que sus hijos se habían acostado con hambre.
La situación es especialmente preocupante entre los menores de cinco años: solo el 10 % de los hogares con niños de esa edad aseguró poder proporcionarles una dieta suficientemente nutritiva.
Además, el 31 % de las familias indicó que sus hijos no habían recibido la atención médica que necesitaban, principalmente por la imposibilidad de asumir su coste.
"Las familias están al límite, mientras que los niños carecen de atención médica y educación, se ven obligados a trabajar y sufren un profundo sufrimiento psicológico", afirmó el representante de Unicef en el Líbano, Marcoluigi Corsi, quien advirtió de que, sin una respuesta sostenida, estas presiones pueden tener consecuencias durante años.
El conflicto ha tenido un impacto especialmente grave sobre la infancia, ya que desde el 2 de marzo de 2026, al menos 261 niños han muerto y otros 1.056 han resultado heridos, una media de siete menores muertos o heridos cada día durante seis meses, según los datos citados por el organismo de Naciones Unidas para la infancia.
La educación también se ha visto afectada en este periodo en el que unas 436 escuelas han resultado dañadas o destruidas, dejando a cerca de 100.000 niños en riesgo de quedarse sin acceso a las aulas, mientras que 86 profesores han muerto o resultado heridos.
Unicef denuncia que los efectos de la crisis van más allá de los daños materiales y calcula que unos 770.000 niños han experimentado angustia psicológica durante los últimos seis meses.
Estos datos reflejan, según esta organización, las dificultades crecientes de los jóvenes para continuar su educación, acceder a servicios básicos y desarrollar oportunidades de futuro en el país.
Por ello, desde enero de 2026, Unicef ha intensificado su respuesta a las necesidades humanitarias en el Líbano mediante el tratamiento de niños heridos, la distribución de suministros a albergues y centros médicos y la asistencia a familias desplazadas.
"Sin medidas urgentes y constantes, toda una generación de niños y jóvenes corre el riesgo de sufrir las consecuencias de esta crisis hasta la edad adulta", advirtió Corsi.
