Si esta vez son las condiciones materiales y docentes en los institutos, diferentes causas, a veces alejadas del mundo educativo, han animado la movilización de los estudiantes a lo largo de los últimos 80 años.
El 11 de noviembre de 1940 los estudiantes protestaron en París contra la ocupación nazi, una manifestación que fue duramente reprimida y que es considerada como el embrión de la resistencia del país.
Veinte años más tarde, las fuerzas del orden reprimieron también con dureza una manifestación contra la guerra de Argelia.
La más simbólica de las protestas de estudiantes es la de mayo de 1968, que nació un mes antes en la universidad de Nanterre, a las afueras de París y que acabó con una multitud de reivindicaciones de una nueva generación, que no había conocido la guerra y que pedía extender las libertades, con el lema de "prohibido prohibir".
El malestar se fue trasladando a otras universidades y a otros sectores de la sociedad. El 10 de mayo se produce la "noche de las barricadas", con enfrentamientos con las fuerzas del orden y tres días más tarde 300.000 personas se manifiestan en la capital, la mayor concentración desde la liberación.
La protesta se va transformando en huelga y el 25 de mayo se cuentan hasta 9 millones de huelguistas, lo que obliga al Ejecutivo a abrir negociaciones y otorgar concesiones.
La sociedad francesa salió fuertemente transformada de aquel mayo del 68.
En noviembre de 1986 los universitarios volvieron a salir a las calles contra una reforma de la enseñanza superior del Gobierno de Jacques Chirac, movimiento que se extendió y que provocó disturbios con las fuerzas del orden, que desembocaron en la muerte de un estudiante de 22 años, la dimisión del ministro de Educación y la retirada del proyecto.
Cuatro años más tarde, con los socialistas en el poder, el presidente, François Mitterrand, se vio obligado a responder a las manifestaciones estudiantiles que habían comenzado en las afueras de París por las condiciones de los edificios universitarios.
Con Chirac ya en el Elíseo, en 1995 los estudiantes fueron muy activos en las protestas contra las reformas liberales del Gobierno de Alain Juppé, que desembocaron en la disolución de las cámaras y la derrota de la derecha.
Al final de su mandato, el presidente conservador volvió a levantar la cólera de jóvenes y estudiantes con un contrato destinado a la búsqueda de un primer empleo pero percibido como una precarización de las condiciones laborales.
Defendido por su primer ministro, Dominique de Villepin, el proyecto sacó a las calles a más de tres millones de manifestantes, que en muchos puntos protagonizaron enfrentamientos con las fuerzas del orden y un gran descontento social que acabó por provocar su abandono y costó la carrera al jefe del Ejecutivo, que Chirac impulsaba como su sucesor, pero que finalmente fue descartado en favor de Nicolas Sarkozy.
En 2005 el Ejecutivo se vio obligado a retirar una ley sobre la evaluación continua tras varias manifestaciones de estudiantes que la consideraban injusta por romper la uniformidad de la misma en todo el país.
Ya con Emmanuel Macron en el poder, los estudiante protestaron en 2018 contra una ley universitaria que consideraron "clasista".
