La subida en los precios de los billetes de bus originaron las multitudinarias manifestaciones que llenaron las calles de muchas ciudades de Brasil en junio de 2013, y que pronto extendieron sus reclamos a la mejora de todos los servicios públicos.
Aunque las autoridades de algunas de las principales ciudades anularon el alza, un estudio del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) mostró que los aumentos de los precios del transporte público superaron ampliamente los niveles de inflación.
Las tarifas subieron un 685% en los últimos 20 años, según analizó el diario O Globo basándose en los datos del IBGE, mientras que la inflación para ese periodo fue del 365,58%.
Los precios del transporte en autobús aumentaron 141% y los del metro subieron un 96,3% desde 2002, en comparación con el alza de 70,5% en la gasolina.
Los economistas culpan a los diferentes gobiernos de subsidiar la industria del automóvil, al tiempo que mantienen bajos los precios del combustible para controlar la inflación, que este año está en 6,75%, por arriba del techo de la meta (6,5%).
Pero Andrei Dantas, director técnico de la Asociación Nacional de Compañías de Transporte Urbano (NTU), aseguró que el informe del IBGE no contempló la inflación.
“Es engañoso. Tomaron el aumento del valor nominal sin tomar en cuenta la inflación. El precio medio hoy en día (del transporte) en Brasil está alrededor de un dólar, así que no es tan caro”, señaló Dantas.
Investigadores del Instituto de estudios en economía aplicada (IPEA) destacaron que son los brasileños más pobres los que acusan más las subidas de tarifas, ya que la mayoría no se puede permitir un auto pero necesita acudir desde el extrarradio a las ciudades diariamente para trabajar.
IPEA calculó que el 10% más pobre de los brasileños gasta más de una quinta parte -21,8%- de sus ingresos en transporte, mientras que para el 10% más rico los costes en desplazamientos son del 13,8%.