Anatomía contra el calor: cuando la forma del cráneo juega en contra
Las razas braquicéfalas se caracterizan por su hocico chato, cabeza ancha y cara aplanada. Esta apariencia, resultado de una intensa selección genética, tiene un coste fisiológico importante: el acortamiento del hocico no viene acompañado de una reducción proporcional de los tejidos internos.

En la práctica, esto significa que estructuras como el paladar blando, los cornetes nasales y la lengua pueden estar comprimidos dentro de un espacio demasiado pequeño.
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Muchas de estas razas sufren el llamado síndrome braquicéfalo obstructivo de las vías respiratorias, que dificulta algo tan básico como respirar con normalidad.
En perros sanos de hocico largo, una parte crucial de la regulación de la temperatura se realiza jadeando: el aire que entra por la nariz y la boca se humidifica y se enfría, ayudando a disipar calor.
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En Bulldogs y Pugs, el flujo de aire se ve comprometido por una anatomía que actúa como un “embudo estrecho”: les cuesta más que entre y salga aire, jadean con más esfuerzo y el intercambio térmico es menos eficiente.
Diversas asociaciones veterinarias —como la Asociación Mundial de Veterinarios de Pequeños Animales (WSAVA) y la Asociación Americana de Medicina Veterinaria (AVMA)— han alertado de que estos perros tienen un riesgo significativamente mayor de golpe de calor y problemas respiratorios, incluso a temperaturas que otros perros toleran sin dificultad.
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Golpe de calor en minutos: un riesgo cotidiano
El golpe de calor (hipertermia) se produce cuando la temperatura corporal del animal supera la capacidad del organismo para disipar calor. En razas braquicéfalas, el margen de seguridad es estrecho.

Situaciones que podrían parecer inofensivas para otros perros —como permanecer en una habitación a 28–30 °C sin buena ventilación, estar unos minutos en un coche estacionado o subir unas escaleras en un edificio caluroso— pueden desencadenar una crisis en un Bulldog o un Pug.
Veterinarios de urgencias describen un patrón recurrente: animales que llegan jadeando de forma violenta, con encías azuladas o muy enrojecidas, incapaces de ponerse en pie y con temperaturas corporales peligrosamente altas. Muchos de esos episodios se han producido sin que el perro haya estado al sol directo: bastó un interior recalentado, humedad elevada y una anatomía poco preparada para gestionar el estrés térmico.

Factores como la obesidad, la falta de condición física, la edad avanzada o cirugías respiratorias previas incrementan aún más el riesgo.
El estrés, la ansiedad o la excitación también pueden disparar la frecuencia respiratoria y elevar la temperatura corporal, incluso estando dentro de casa.
Por qué el ventilador no basta
Una creencia extendida es que un ventilador doméstico es suficiente para refrescar a sus animales. En el caso de razas braquicéfalas, esto suele ser insuficiente.
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Los perros no sudan de la misma forma que las personas: apenas transpiran por las almohadillas de las patas y dependen, sobre todo, del jadeo para eliminar calor.

Un ventilador mueve aire caliente, pero no reduce la temperatura ambiente ni la humedad. Si el ambiente ya está a 30 °C con alta humedad relativa, el margen de maniobra del organismo del perro se reduce drásticamente.
En cambio, el aire acondicionado sí modifica variables clave: baja la temperatura y, a menudo, reduce la humedad ambiental.
Esto facilita que el jadeo sea más eficaz y reduce el esfuerzo respiratorio necesario para mantener una temperatura corporal estable.
Para muchos Bulldogs y Pugs, la diferencia entre una habitación a 27 °C y otra a 23–24 °C puede traducirse en pasar de una respiración forzada continua a un estado de relativa normalidad.

Profesionales de la medicina veterinaria suelen recomendar a los tutores de razas braquicéfalas controlar no solo la temperatura, sino también la humedad relativa en casa. Ambientes muy húmedos dificultan aún más la termorregulación, aunque el termómetro no marque cifras extremas.
Aire acondicionado: gasto energético o medida de bienestar animal
El debate sobre el uso de aire acondicionado suele centrarse en el consumo eléctrico y el impacto ambiental. Pero, en el caso de los perros braquicéfalos, la discusión tiene una dimensión ética añadida: estos animales han sido criados deliberadamente con una anatomía que compromete su capacidad de adaptación al calor.
Expertos en bienestar animal argumentan que quienes conviven con estas razas asumen una responsabilidad adicional: proporcionarles un entorno compatible con sus limitaciones físicas.
En climas cálidos o en viviendas propensas a sobrecalentarse, esto incluye la instalación o uso regular de sistemas de refrigeración eficaces.
En la práctica, muchos veterinarios recomiendan a los tutores:
- Mantener una temperatura interior moderada y estable en las horas de calor intenso.
- Evitar dejar al perro solo en viviendas que se recalientan sin sistemas de climatización.
- Extremar las precauciones en coches: incluso con aire acondicionado, vigilar que la ventilación llegue efectivamente al animal y nunca dejarlo solo en un vehículo estacionado.
- Reducir al mínimo el ejercicio y la excitación en las horas más calurosas, incluso dentro de casa.
Sin estas medidas, el “simple calor veraniego” —algo que otras razas pueden sobrellevar con sombra y agua fresca— se convierte para muchos Bulldogs y Pugs en un factor de riesgo de muerte súbita.
Para estas razas, disponer de aire acondicionado, acceso constante a agua fresca, zonas de sombra y supervisión estrecha en días calurosos no son lujos de “sobreprotección”. Son medidas de prevención básica frente a un riesgo que está directamente relacionado con la forma en que han sido seleccionadas y criadas.
