Un síntoma que va más allá de la estética
El cambio de color del pelaje en los perros se debe, igual que en humanos, a la reducción de melanina en los folículos pilosos. Lo habitual es que aparezca a partir de la madurez, en torno a los 7 u 8 años en perros de tamaño medio.

Sin embargo, cada vez se reportan más casos de perros que empiezan a encanecer a partir de los 2 o 3 años.
Veterinarios consultados explican que, aunque muchas veces es un fenómeno benigno y meramente estético, puede estar asociado a factores emocionales y médicos que conviene no pasar por alto.
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Estrés, miedo y personalidad
Uno de los factores más estudiados es el estrés crónico.
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Perros muy temerosos, ansiosos o hiperreactivos tienden a encanecer antes, sobre todo en la zona del hocico. Situaciones como vivir en entornos ruidosos, pasar muchas horas solos, recibir castigos severos o no disponer de suficiente ejercicio y estimulación mental aumentan ese riesgo.

La personalidad también influye. Animales muy sensibles a los ruidos, que se asustan con frecuencia o que muestran ansiedad de separación suelen mostrar canas prematuras con más frecuencia que perros tranquilos y confiados.
No es que el estrés “pinte” el pelo de blanco de un día para otro, pero sí puede acelerar un proceso que, de otro modo, aparecería más tarde.
Factores genéticos y de raza
En otras ocasiones, el motivo está en los genes. Determinadas razas y líneas de cría presentan predisposición a encanecer pronto, independientemente de su nivel de estrés o salud general.

Suele observarse en perros de pelaje oscuro, donde el contraste es más evidente: mestizos de tamaño medio, labradores, border collies o pastores, entre otros.
Dentro de una misma camada puede haber grandes diferencias: un hermano con el hocico totalmente gris a los 3 años y otro casi sin canas a los 7. Eso apunta a un componente hereditario difícil de predecir sin conocer el historial familiar.
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Enfermedades que pueden estar detrás
Aunque menos frecuente, el encanecimiento rápido y generalizado puede ser la punta del iceberg de un problema médico.

Trastornos hormonales como el hipotiroidismo, algunas enfermedades autoinmunes, deficiencias nutricionales severas o procesos inflamatorios crónicos pueden alterar la calidad y el color del pelaje.
Por eso, si las canas aparecen de forma súbita, se extienden por todo el cuerpo o van acompañadas de otros signos —adelgazamiento, apatía, picores, caída de pelo, cambios de apetito— es fundamental una revisión veterinaria completa, con análisis de sangre y, si es necesario, pruebas adicionales.
Cuándo preocuparse y acudir al veterinario
No siempre el encanecimiento prematuro es motivo de alarma. Suele considerarse esperable si:
- El perro está entre los 4 y 6 años.
- Las canas se concentran en hocico y cejas.
- No hay otros cambios en comportamiento, apetito o energía.
En cambio, conviene pedir cita si el animal es muy joven (menos de 3 años), si las canas aparecen de forma muy rápida o si coinciden con signos de estrés intenso o enfermedad.
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¿Se puede prevenir?
No hay forma de “frenar” genéticamente las canas, pero sí se puede actuar sobre el factor que más podemos controlar: el bienestar emocional. Rutinas estables, ejercicio diario adecuado a la edad y raza, juegos de olfato y enriquecimiento ambiental, educación en positivo y un entorno predecible ayudan a reducir el estrés crónico.
Al final, las canas no son solo una cuestión estética: pueden ser una pista temprana sobre cómo vive y cómo se siente tu perro. Más que esconderlas, los especialistas recomiendan observarlas… y aprovecharlas como recordatorio para cuidar aún mejor su salud física y emocional.
