Desparasitar a tu perro: un acto esencial para su salud y la de tu familia

Desparasitación en perros.
Desparasitación en perros.Shutterstock

Los parásitos internos son uno de los problemas de salud más frecuentes en los perros y, al mismo tiempo, uno de los más fáciles de prevenir. Sin embargo, los olvidos en el calendario de desparasitación siguen siendo habituales, con consecuencias que van desde diarreas crónicas hasta riesgos para la salud humana.

Un enemigo invisible… pero muy común

Lombrices intestinales, anquilostomas, tricocéfalos y tenias son algunos de los parásitos más habituales. Se alojan en el intestino, se alimentan de la sangre o nutrientes del perro y, en muchos casos, pasan desapercibidos.

Muchos perros parasitados no muestran síntomas claros al principio; el dueño cree que todo está bien hasta que aparecen anemia, adelgazamiento o problemas digestivos.

Los cachorros son especialmente vulnerables: pueden infectarse en el útero o a través de la leche materna, y una infestación severa en esta etapa puede ser mortal.

Por qué el calendario importa más que el producto

En el mercado existen comprimidos, jarabes y pipetas con distintos principios activos. Pero los especialistas insisten en que el punto clave no es solo qué se administra, sino cuándo y con qué frecuencia.

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Desparasitación en perros.
Desparasitación en perros.

La reinfestación es fácil: a través de heces contaminadas, suelos, parques, presas (como roedores) o incluso pulgas en el caso de ciertas tenias. De ahí la importancia de repetir la desparasitación de forma periódica y no limitarse a una dosis aislada “cuando se acuerda”.

Cachorros: un inicio intensivo

Desparasitación interna en cachorros.
Desparasitación interna en cachorros.
  • Comenzar la desparasitación interna a partir de las 2 semanas de vida, siguiendo el criterio del veterinario.
  • Repetir cada 2 semanas hasta los 2–3 meses de edad.
  • A partir de entonces, continuar una desparasitación mensual hasta los 6 meses.

Este protocolo suele combinarse con controles de heces cuando el profesional lo considera necesario. En hembras gestantes o lactantes, muchos veterinarios recomiendan esquemas específicos para reducir la transmisión a la camada.

Adultos: cada perro, un riesgo distinto

En perros adultos, la frecuencia estándar que más se repite en las consultas es una desparasitación interna cada 3 meses. No obstante, no es una regla rígida.

Un perro urbano, que casi no pisa parques y no convive con otros animales, puede requerir un esquema distinto al de un perro de campo, de caza o que frecuenta guarderías caninas. Algunos expertos recomiendan desparasitar mensualmente a los animales con mayor exposición.

El clima también influye. En regiones templadas o cálidas, con actividad parasitaria prácticamente todo el año, se favorecen planes más continuos. En zonas con inviernos muy fríos, el veterinario puede ajustar el calendario según la estacionalidad.

Parásitos que también afectan a humanos

Más allá de la salud del perro, varios de estos parásitos son zoonóticos, es decir, pueden infectar a personas, en especial a niños que juegan en el suelo o jardines donde defeca el animal.

Larvas que migran por tejidos humanos o afectan al ojo están bien documentadas en la literatura médica.

“Desparasitar no es solo cuidar al perro, es una medida de salud pública”, recuerdan desde colegios veterinarios. El mensaje se vuelve especialmente relevante en hogares con niños, ancianos o personas inmunodeprimidas.

La otra mitad del trabajo: higiene y prevención

Ningún calendario funciona sin medidas básicas de higiene: recoger siempre las heces, evitar que el perro ingiera restos en la calle, limitar el acceso a roedores y mantener al día también la desparasitación externa, porque algunas pulgas actúan como vectores.

Los especialistas recomiendan anotar las fechas de desparasitación en un calendario físico, en el celular o en la cartilla sanitaria, y no improvisar: el plan debe establecerlo un veterinario, adaptado a la edad, hábitos y entorno del animal.

En un contexto de urbanización creciente y cambio climático, los parásitos internos seguirán siendo una amenaza silenciosa. La diferencia entre un riesgo controlado y un problema serio cabe, literalmente, en unas pocas fechas que conviene no olvidar.