Un enemigo invisible… pero muy común
Lombrices intestinales, anquilostomas, tricocéfalos y tenias son algunos de los parásitos más habituales. Se alojan en el intestino, se alimentan de la sangre o nutrientes del perro y, en muchos casos, pasan desapercibidos.
Muchos perros parasitados no muestran síntomas claros al principio; el dueño cree que todo está bien hasta que aparecen anemia, adelgazamiento o problemas digestivos.
Los cachorros son especialmente vulnerables: pueden infectarse en el útero o a través de la leche materna, y una infestación severa en esta etapa puede ser mortal.
Lea más: Por qué tu perro te lame la cara y cuándo puede ser un problema
Por qué el calendario importa más que el producto
En el mercado existen comprimidos, jarabes y pipetas con distintos principios activos. Pero los especialistas insisten en que el punto clave no es solo qué se administra, sino cuándo y con qué frecuencia.
Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy

La reinfestación es fácil: a través de heces contaminadas, suelos, parques, presas (como roedores) o incluso pulgas en el caso de ciertas tenias. De ahí la importancia de repetir la desparasitación de forma periódica y no limitarse a una dosis aislada “cuando se acuerda”.
Cachorros: un inicio intensivo

- Comenzar la desparasitación interna a partir de las 2 semanas de vida, siguiendo el criterio del veterinario.
- Repetir cada 2 semanas hasta los 2–3 meses de edad.
- A partir de entonces, continuar una desparasitación mensual hasta los 6 meses.
Este protocolo suele combinarse con controles de heces cuando el profesional lo considera necesario. En hembras gestantes o lactantes, muchos veterinarios recomiendan esquemas específicos para reducir la transmisión a la camada.
Lea más: ¿Ventilador o aire acondicionado? Cuál es la opción más saludable y efectiva para tus perros
Adultos: cada perro, un riesgo distinto
En perros adultos, la frecuencia estándar que más se repite en las consultas es una desparasitación interna cada 3 meses. No obstante, no es una regla rígida.
Un perro urbano, que casi no pisa parques y no convive con otros animales, puede requerir un esquema distinto al de un perro de campo, de caza o que frecuenta guarderías caninas. Algunos expertos recomiendan desparasitar mensualmente a los animales con mayor exposición.
El clima también influye. En regiones templadas o cálidas, con actividad parasitaria prácticamente todo el año, se favorecen planes más continuos. En zonas con inviernos muy fríos, el veterinario puede ajustar el calendario según la estacionalidad.
Lea más: Insomnio perruno: señales de que tu perro no está descansando
Parásitos que también afectan a humanos
Más allá de la salud del perro, varios de estos parásitos son zoonóticos, es decir, pueden infectar a personas, en especial a niños que juegan en el suelo o jardines donde defeca el animal.
Larvas que migran por tejidos humanos o afectan al ojo están bien documentadas en la literatura médica.
“Desparasitar no es solo cuidar al perro, es una medida de salud pública”, recuerdan desde colegios veterinarios. El mensaje se vuelve especialmente relevante en hogares con niños, ancianos o personas inmunodeprimidas.
La otra mitad del trabajo: higiene y prevención
Ningún calendario funciona sin medidas básicas de higiene: recoger siempre las heces, evitar que el perro ingiera restos en la calle, limitar el acceso a roedores y mantener al día también la desparasitación externa, porque algunas pulgas actúan como vectores.
Los especialistas recomiendan anotar las fechas de desparasitación en un calendario físico, en el celular o en la cartilla sanitaria, y no improvisar: el plan debe establecerlo un veterinario, adaptado a la edad, hábitos y entorno del animal.
En un contexto de urbanización creciente y cambio climático, los parásitos internos seguirán siendo una amenaza silenciosa. La diferencia entre un riesgo controlado y un problema serio cabe, literalmente, en unas pocas fechas que conviene no olvidar.
