Cómo suena una gata en celo y qué está comunicando con sus maullidos

Gato maullando, imagen ilustrativa.
Gato maullando, imagen ilustrativa.Shutterstock

Si tu gata “llora” fuerte, sobre todo de noche, no siempre es dolor: puede ser celo. Identificar ese sonido —y distinguirlo de una urgencia veterinaria— ayuda a reducir el estrés en casa y a cuidar su bienestar.

¿Cómo suena una gata en celo?

El maullido de celo felino suele describirse como un aullido largo, insistente y más grave que el maullido cotidiano. No es un “miau” corto que el gato utiliza para pedir comida: es una vocalización sostenida, a veces con pausas, que puede repetirse durante minutos y aumentar al anochecer.

Gato maullando, imagen ilustrativa.
Gato maullando, imagen ilustrativa.

En hogares y edificios, el efecto se amplifica: se oye como si “viniera de lejos”, rebota en pasillos y ventanas, y puede confundirse con un animal herido.

En realidad, muchas gatas vocalizan así para atraer a machos: es comunicación reproductiva, no un capricho.

Señales que lo acompañan y ayudan a confirmarlo

El sonido casi nunca aparece solo. Suele coincidir con inquietud, más paseos por la casa, frotarse con muebles o piernas, cola elevada y desviada hacia un lado, postura de receptividad y un intento persistente de salir al exterior.

Gato.
Gato.

En gatas, el celo puede repetirse cada pocas semanas durante la temporada reproductiva si no hay gestación.

Por qué puede resultar tan “triste” para quienes la escuchan

A los oídos humanos, esos aullidos se parecen a un lamento. Parte del impacto es acústico (sonidos largos y penetrantes) y parte es emocional: convivimos con ella, la vemos agitada y tendemos a asociar ese registro con sufrimiento.

En la gata, sin embargo, es sobre todo excitación hormonal y búsqueda de contacto.

Celo o dolor: cuándo conviene consultar

Hay que extremar la atención si el maullido viene con letargo, falta de apetito marcada, vómitos, fiebre, esfuerzo al orinar, sangre en la orina, abdomen doloroso o si es una vocalización totalmente nueva en una gata mayor.

En esos casos, mejor consulta veterinaria para descartar infecciones urinarias u otras causas.

Qué hacer en casa sin empeorar la situación

Mantenerla dentro de casa y reforzar barreras (ventanas, mosquiteros, puertas) reduce escapes y peleas. La rutina ayuda: juego breve pero intenso, rascadores y escondites, y un ambiente calmado.

Evitá castigos, ya que aumentan el estrés y no frenan el celo.

La medida más efectiva y segura a largo plazo suele ser hablar con el veterinario sobre la esterilización, que además reduce camadas no deseadas y ciertos riesgos de salud.

También conviene evitar “remedios hormonales” sin supervisión profesional, por sus posibles efectos adversos.