La enfermedad de Addison en perros, o hipoadrenocorticismo, ocurre cuando las glándulas suprarrenales producen cantidades insuficientes de cortisol y, a menudo, de aldosterona. La clave para detectarla es no subestimar los episodios digestivos repetidos junto con debilidad, pérdida de peso o decaimiento que mejora y reaparece.

No es una de las enfermedades endocrinas más frecuentes, pero sí una de las que los veterinarios consideran “grandes imitadoras”: sus síntomas se parecen a los de una gastroenteritis, enfermedad renal, pancreatitis o estrés. Sin tratamiento, puede desencadenar una crisis addisoniana potencialmente mortal.
Qué le pasa al organismo cuando faltan hormonas suprarrenales
El cortisol ayuda al cuerpo a responder al estrés, mantener la glucosa y regular múltiples procesos metabólicos. La aldosterona, en cambio, controla el equilibrio de sodio, potasio y agua.
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Cuando faltan estas hormonas, el perro puede deshidratarse, bajar su presión arterial y acumular potasio en sangre. Ese desequilibrio puede afectar el ritmo cardíaco. Por eso una crisis addisoniana —con colapso, vómitos intensos, diarrea, pulso débil o dolor abdominal— requiere atención veterinaria inmediata.
La causa más habitual es inmunomediada: el propio sistema inmunitario daña el tejido de las suprarrenales. También puede aparecer tras retirar bruscamente corticoides administrados durante tiempo prolongado, ya que estos fármacos suprimen el funcionamiento natural de ese eje hormonal.
Síntomas: el patrón importa más que un vómito aislado
Los signos de Addison suelen ser intermitentes. Un perro puede estar apagado unos días, recuperarse aparentemente sin explicación y recaer semanas después. Ese vaivén es una pista clínica importante.

Además de vómitos, diarrea, inapetencia y adelgazamiento, pueden aparecer temblores, debilidad, intolerancia al ejercicio, aumento de la sed o episodios de desmayo. Algunos cuidadores describen que su animal “ya no es el mismo” o que parece agotarse después de una caminata corta.
Existe también el Addison atípico, en el que todavía no se altera la aldosterona. En esos casos, los electrolitos pueden ser normales y el diagnóstico resulta más difícil, aunque la falta de cortisol sigue causando malestar.
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Qué perros tienen más riesgo
Puede afectar a cualquier perro, pero se observa con más frecuencia en hembras jóvenes o de mediana edad y en algunas razas con predisposición, como caniche estándar, perro de agua portugués, bearded collie, leonberger y Nova Scotia Duck Tolling Retriever.
La predisposición no significa que un perro de esas razas vaya a enfermar, ni excluye a mestizos o perros mayores. Sirve, sobre todo, para que los síntomas recurrentes no se atribuyan automáticamente a un “estómago sensible”.
Cómo se diagnostica la enfermedad de Addison
Un análisis de sangre puede revelar sodio bajo, potasio alto, deshidratación o alteraciones compatibles, pero no confirma por sí solo la enfermedad. La prueba decisiva es el test de estimulación con ACTH, que mide si las suprarrenales responden a una hormona que normalmente las activa.
El cortisol basal bajo puede ser útil para descartar Addison cuando es normal; si resulta bajo, hace falta confirmarlo con la prueba de ACTH. Esta distinción evita diagnosticar de más y permite iniciar el tratamiento adecuado.
Tratamiento: una enfermedad crónica que suele controlarse bien
El tratamiento repone las hormonas que el organismo ya no produce. Según el caso, incluye un mineralocorticoide inyectable de acción prolongada o fludrocortisona oral, además de dosis bajas de un glucocorticoide como prednisona.
En las primeras semanas se controlan sodio y potasio para ajustar la medicación. Luego, muchos perros recuperan energía, apetito y una vida cotidiana normal.
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Durante cirugías, viajes, internaciones u otras situaciones estresantes, el veterinario puede indicar un refuerzo temporal de glucocorticoides: no porque el perro “se ponga nervioso”, sino porque su organismo no puede aumentar el cortisol por sí mismo.
