Las razas de orejas erguidas ventilan el conducto y lo mantienen seco casi sin ayuda. En el Cocker Spaniel, el Basset Hound o el Beagle, en cambio, el pabellón cae sobre la entrada del oído como una tapa y frena el paso del aire. Adentro se forma un ambiente tibio, oscuro y húmedo.

Eso altera el pH de la piel del conducto externo. Después de un baño, de nadar o de caminar entre pasto alto y mojado, el agua y la suciedad se quedan adentro y tardan en evaporarse. Las glándulas ceruminosas responden con más cera, y el canal se vuelve un buen medio de cultivo para levaduras (Malassezia pachydermatis) y bacterias oportunistas.
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Para quien convive con el perro, la señal suele ser que sacude la cabeza de golpe, o vuelve del paseo de la mañana y se rasca la base de la oreja contra los muebles. Esos gestos son muchas veces el primer aviso de una otitis externa incipiente, y conviene atenderla antes de que avance hacia las capas profundas del oído.
Genética y selección morfológica
La forma actual de estas orejas viene de siglos de cría selectiva orientada al trabajo de cada raza. En los sabuesos, la explicación habitual es que las orejas largas y pesadas barrían el suelo mientras el perro corría con el hocico pegado a la tierra, y levantaban las partículas de olor hacia la trufa.

Esa especialización tuvo un costo. El pliegue de cartílago dificulta el drenaje de las secreciones, y las razas de orejas péndulas con pliegues de piel marcados suelen tener más folículos pilosos dentro del conducto.
Ese pelo, que en otros mamíferos frena el polvo, en estos perros retiene cera, humedad y células muertas. Por estructura, estas razas tienden a la inflamación crónica del oído, y el tutor tiene que compensar con limpieza y secado la ventilación que la selección les quitó.
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Cómo y cuándo limpiar
Limpiar mal puede empeorar las cosas. El error más común es usar hisopos de algodón. El conducto del perro hace una curva en L, y el hisopo funciona como el émbolo de una jeringa: empuja la cera hacia el fondo y la compacta contra el tímpano, con riesgo de perforación o de una infección grave.

Los protocolos veterinarios actuales recomiendan una solución ótica ceruminolítica hecha para perros, con esta pauta:
- Frecuencia. En perros sanos y sin exceso de cera alcanza con revisar las orejas una vez por semana y limpiarlas cada diez o quince días. Si el perro se baña o nada seguido, el veterinario puede ajustar el intervalo.
- Aplicación. Se levanta la oreja para dejar a la vista la entrada del canal, se llena el conducto de forma parcial con el limpiador indicado y se masajea la base de la oreja desde afuera durante treinta segundos. El chasquido que se escucha es el producto disolviendo la cera.
- Secado. Se deja que el perro sacuda la cabeza para que el líquido y la suciedad salgan del canal. Después se limpia lo visible con gasa estéril o un paño suave y seco, sin presionar ni meter ningún objeto.
El alcohol, el vinagre puro y el peróxido de hidrógeno hay que evitarlos aunque sean remedios caseros comunes. Dañan la barrera lipídica del epitelio, irritan, duelen y pueden provocar dermatitis de contacto.
Signos de alerta y prevención a largo plazo
Detectar la otitis a tiempo define si el tratamiento será ambulatorio y simple o si la afección se vuelve crónica. Además de la sacudida de cabeza y el rascado, hay que mirar si el perro inclina la cabeza hacia un lado, si el canal huele dulzón o fétido y si la piel interna está roja y caliente al tacto.
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También conviene vigilar el otohematoma. Cuando el perro se rasca o sacude con violencia por la picazón, se rompen vasos sanguíneos entre la piel y el cartílago, y la oreja se hincha como un cojín blando. Suele requerir cirugía; sin ella puede quedar deformada para siempre, la llamada “oreja de coliflor”.
La prevención depende de la constancia. Después de cada baño o paseo por zonas de vegetación densa, hay que revisar los pliegues de las orejas y secarlos bien. Esa inspección repetida frena la proliferación de hongos.
