A más de cuatro años de la crisis sanitaria que paralizó al mundo, los aprendizajes en el sector educativo paraguayo comienzan a consolidarse en datos científicos. El proyecto de investigación PINV01-816, denominado “Educación y participación ciudadana en la gestión y reducción de riesgos de desastres”, presentó recientemente sus hallazgos, subrayando una lección fundamental: la escuela no puede sola; la comunidad es su mejor escudo.
El estudio se centró en el desempeño de los Comités Educativos Institucionales para la Gestión del Riesgo (CEIGR), órganos que demostraron ser mucho más que una exigencia administrativa, convirtiéndose en el corazón de la toma de decisiones en momentos de incertidumbre.
De la teoría a la acción
Históricamente, los Equipos de Gestión de Instituciones Educativas (EGIE) han sido la base de las escuelas. Sin embargo, la pandemia obligó a expandir este modelo para conformar los CEIGR, integrando de manera activa a padres, madres, estudiantes y líderes locales.
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Según el informe, estos comités no solo se limitaron a aplicar protocolos, sino que asumieron la responsabilidad de decidir sobre:
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- La suspensión o retorno a la presencialidad.
- La transición a modalidades virtuales o alternativas.
- La logística para la distribución de kits de alimentos escolares, un servicio vital para muchas familias durante el confinamiento.
“La toma de decisiones fue mayoritariamente colectiva, lo que fortaleció la autonomía de las instituciones”, destaca el reporte del proyecto.
Una alianza entre Salud y Educación
El estudio resalta la coordinación interinstitucional como el eje articulado. El Ministerio de Salud Pública (MSPBS) lideró la estrategia sanitaria, pero fue la mesa de diálogo con el Ministerio de Educación y Ciencias (MEC) la que permitió adaptar las medidas a la realidad de cada territorio.
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En este esquema, los supervisores educativos cumplieron un papel de “puente” crítico, traduciendo las guías nacionales a las necesidades específicas de cada escuela en el Área Metropolitana y el Chaco.
Lecciones que llegaron para quedarse
Más allá de la emergencia, el proyecto PINV-816 identifica avances que podrían transformar la educación paraguaya a largo plazo:
- Cultura de la prevención: Fortalecimiento de hábitos de higiene y cuidado personal.
- Innovación tecnológica: Una acelerada adopción de herramientas digitales.
- Valor del trabajo colaborativo: El reconocimiento de que la gestión participativa mejora la calidad educativa y el bienestar social.
Preparados para el futuro
La conclusión del proyecto es clara: institucionalizar y fortalecer los CEIGR es una oportunidad estratégica. Las comunidades que aprendieron a organizarse durante el Covid-19 hoy cuentan con una base sólida de resiliencia para enfrentar futuros riesgos, ya sean sanitarios, ambientales o sociales.
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Esta investigación fue ejecutada por la organización Cultura y Participación (CyP) en alianza con la Universidad Nacional de Asunción (UNA) y Naturaleza para la Vida. El estudio fue cofinanciado por el Conacyt con apoyo del Fondo de Excelencia para la Educación y la Investigación (FEEI).
