Monseñor Ricardo Valenzuela cuestiona la indiferencia política y social

“‘Somos ingratos, el amor no es amado’, reflexionó Monseñor Valenzuela sobre la indiferencia social y política.”
“Somos ingratos, el amor no es amado", reflexionó Monseñor Valenzuela sobre la indiferencia social y política.

El obispo Ricardo Valenzuela criticó la tibieza de los fieles frente a los problemas sociales y políticos del país, advirtiendo que una fe vivida por rutina se traduce en indiferencia ante la injusticia, la desigualdad y la necesidad de un compromiso cívico real. “Somos ingratos, el amor no es amado”, lamentó Valenzuela. Fue durante la misa central en la Basílica de Caacupé, este domingo.

El eje central de su mensaje fue la crítica a la indiferencia social y política. “El amor no es amado, somos ingratos”, repitió varias veces, vinculando la ingratitud no solo a la vida espiritual, sino también a la falta de acción frente a las necesidades de la comunidad y del país. Señaló que muchos fieles esperan que los cambios provengan de afuera, de los gobernantes, de las instituciones o de líderes sin asumir responsabilidad personal por transformar su entorno.

Valenzuela utilizó ejemplos claros y cercanos a la vida cotidiana: la falta de participación en iniciativas comunitarias, la desidia frente a la pobreza y la desigualdad, y la indiferencia hacia los problemas que afectan a los vecinos o a los ciudadanos más vulnerables.

Criticó también la rutina en la práctica religiosa: recibir la Eucaristía sin conciencia de lo que representa o asistir a misa por costumbre. “Cuando lo recibimos como cualquier cosa, estamos dejando de corresponder al amor de Dios y también a los demás”, advirtió.

En su homilía, el prelado también habló sobre el evangelio de la transfiguración, cuando Jesús se muestra en su gloria a Pedro, Santiago y Juan en el monte Tabor. Para el obispo, aquella experiencia representa un modelo de transformación profunda que hoy debería inspirar a los cristianos a comprometerse con su fe de manera auténtica y activa. “Hasta ese momento, los discípulos conocían a Jesús de manera superficial, después, lo descubren en su plenitud”, explicó, y añadió que esa revelación aún puede ocurrir en la vida de cada creyente si deja la rutina y la apatía.

Encuentro con Cristo

Para ilustrar su mensaje, recordó la vida de Francisco de Asís, quien, tras un encuentro profundo con Cristo, transformó su vida en servicio a los pobres y en compromiso con la comunidad. Valenzuela subrayó que esa coherencia entre fe y acción es lo que falta en muchos creyentes actuales: “No basta cumplir con los ritos, la verdadera fe se refleja en la manera en que actuamos en la sociedad y en la política”.

El obispo también hizo un llamado directo a los líderes y ciudadanos: la indiferencia y la tibieza no solo afectan la vida espiritual, sino que también debilitan la capacidad de la comunidad para enfrentar problemas colectivos, desde la desigualdad hasta la corrupción o la falta de oportunidades.

“Cada uno de nosotros es responsable de corresponder al amor de Dios mediante acciones concretas que mejoren la vida de los demás”, expresó.

La homilía concluyó con un mensaje de esperanza y exigencia: “Vas a cambiar, absolutamente vas a cambiar, porque sos un hijo muy querido por el Padre. Y con ese amor, también tu comunidad puede transformarse”, enfatizó ante una Basílica colmada de fieles.

Con esta predicación, Valenzuela dejó un mensaje claro: la fe no puede limitarse a rituales ni a palabras, y la verdadera conversión exige compromiso personal, coherencia y acción social. La ingratitud frente al amor de Dios, insistió, tiene consecuencias visibles en la sociedad y la política, y solo un cristianismo vivo, apasionado y transformador puede revertirla.

Como cada domingo, en la explanada de la basílica se registró una importante concurrencia.
Como cada domingo, en la explanada de la basílica se registró una importante concurrencia.