Durante su predicación, monseñor Valenzuela también dirigió una mirada crítica hacia la actitud de las autoridades del Estado, señalando que con frecuencia el orgullo, la soberbia o la falta de apertura les impiden reconocer la verdad y actuar con humildad. Indicó que esa postura puede convertirse en una “ceguera interior” que no solo afecta a las personas, sino también a quienes tienen responsabilidades públicas y están llamados a tomar decisiones que influyen en la vida de toda la sociedad.
El religioso tomó como base el pasaje del Evangelio sobre la curación del ciego de nacimiento (Evangelio de Juan, capítulo 9). Explicó que, tras el milagro realizado por Jesús de Nazaret, el hombre curado fue interrogado primero por la multitud que quedó sorprendida por lo ocurrido. Posteriormente fue llevado ante los doctores de la ley, quienes comenzaron a cuestionarlo y a dudar del hecho, y finalmente incluso sus propios padres fueron interrogados en medio de la controversia generada por la curación.

Según el obispo, mientras el hombre que había recuperado la vista realiza un camino progresivo hacia la fe y termina reconociendo a Jesús como el Mesías, quienes se consideraban dueños de la verdad terminan cerrándose cada vez más. “Se hunden más profundamente en su ceguera interior”, explicó al referirse a las personas que, por orgullo o intereses, se resisten a aceptar aquello que no coincide con sus propias ideas.
“Muchas veces creemos tener la luz y desde nuestro orgullo juzgamos a los demás e incluso al Señor”, expresó Valenzuela ante los fieles, al tiempo de advertir que esa actitud puede manifestarse tanto en la vida cotidiana como en el ejercicio de responsabilidades públicas.
El prelado también invitó a los creyentes a revisar su propio corazón y preguntarse si realmente está abierto a Dios y al prójimo. Señaló que incluso los cristianos, a pesar de haber recibido el bautismo, pueden caer en comportamientos que no reflejan su fe, por lo que instó al arrepentimiento y a erradicar actitudes como la murmuración, la soberbia y la falta de caridad.
Recordó además que el bautismo llama a los fieles a comportarse como “hijos de la luz”, practicando valores como la humildad, la paciencia, la misericordia y la capacidad de reconocer los propios errores.
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Ejemplo de San Francisco

Durante su reflexión, el obispo también mencionó la experiencia espiritual de Francisco de Asís, quien según relató descubrió su vocación al escuchar el Evangelio y decidió cambiar radicalmente su vida para seguir a Cristo con sencillez y desprendimiento.
Destacó que el santo se caracterizó por su cercanía con los enfermos, los pobres y las personas marginadas, demostrando una profunda compasión que buscaba siempre preservar la dignidad de cada ser humano.
Finalmente, el obispo animó a los fieles a leer en sus hogares el capítulo 9 del Evangelio de Juan y reflexionar sobre el “camino que va de la ceguera a la luz”, un proceso que, según explicó, invita a reconocer las propias limitaciones y abrir el corazón a la acción de Dios. “El Señor quiere darnos más luz y perdonarnos siempre”, resaltó.
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