Cardenal hace un llamado a la paz y lamenta el “mal olor” de la corrupción

El cardenal Adalberto Martínez, arzobispo de Asunción, durante la homilía, hoy en la misa de recordación del Miércoles de Ceniza.
El cardenal Adalberto Martínez, arzobispo de Asunción.Gustavo Machado

En el quinto domingo de Cuaresma y a días del Viernes de Dolores, el cardenal Adalberto Martínez presidió esta mañana la misa central en la Catedral Metropolitana. Abogó por la paz mundial ante las guerras desatadas en el Medio Oriente y pidió limpiar el corazón ante el “mal olor” de la corrupción.

El cardenal Adalberto Martínez presidió la misa central en la Catedral Metropolitana de Asunción, en el quinto domingo de Cuaresma, días antes del Viernes de Dolores. Durante su homilía, el religioso utilizó el relato sobre Lázaro, quien fue resucitado por su amigo Jesús, a cuatro días de su muerte, manifestando así el milagro de la “resurrección y la vida”.

“Jesús llora por el amigo, llora por su pueblo, llora por la humanidad entera. Sus lágrimas revelan el corazón de Dios: un Dios cercano, que no es indiferente, que entra en nuestro sufrimiento y lo comparte”, reflexionó.

A continuación, dijo que hoy ese llanto tiene también un rostro concreto y desgarrador. “Miles y miles de víctimas de las guerras, en la guerra en curso, actualmente en el Medio Oriente, niños que han quedado huérfanos y tantas familias, padres y madres que han quedado huérfanos de hijos e hijas bajo los escombros, muertos, familias enteras, derrumbadas por la violencia”, remarcó.

Habló de corrupción

El cardenal también se refirió a la corrupción y la comparó con la experiencia de la descomposición del cuerpo de Lázaro.

“Así como un cuerpo en descomposición comienza a desprender un olor fuerte, también el corazón humano puede oler mal cuando se deja dominar por la corrupción, el egoísmo y la violencia”, agregó.

Expresó que incluso esos corazones que parecen cerrados, que están como sepultados bajo piedras pesadas, pueden ser sanados.

Finalmente, pidió por la paz, para que la construcción del amor pueda más que la destrucción del odio y las guerras.