La Iglesia Católica celebra la Vigilia Pascual que proclama la resurrección de Jesucristo, luego de conmemorar su pasión y muerte. En la Catedral Metropolitana de Asunción, los actos centrales comenzaron en la explanada con la bendición del fuego y el encendido del cirio pascual, que representa a Cristo resucitado. Luego se ingresó al templo donde prosiguió la liturgia eucarística.

En su homilía, el purpurado invitó a abandonar el sepulcro de un cristianismo de fachada, sin compromisos verdaderamente evangélicos, increyente, hipócrita e indiferente, a las necesidades de los más pequeños y vulnerables, para anunciar a los hombres y mujeres que Él vive en su pueblo y busca gente que esté dispuesta a dar testimonio de su fe, una fe que exige coherencia, coraje, alegría y libertad.
Explicó que la Pascua no es solamente un día al año que lleva a pensar que algún día resucitaremos con Cristo... aunque esa es nuestra esperanza.... “es caminar ahora en la vida nueva: nueva manera de comunicarnos y relacionarnos en la sociedad”. Agregó que la Pascua es desarrollar empatía cristiana, con los ciudadanos, con renovados liderazgos en la política y en la economía y que pongan en el centro, y privilegie ese centro, la sagrada dignidad de la persona humana.

Resaltó que la Pascua es tener líderes sociales y comunitarios, con integridad y ética a quienes importan los pobres y están decididos a comprometerse de verdad con la construcción del bien común, por encima de los intereses personales, sectoriales o segmentarios.
Siguió diciendo que la Pascua es la permanente reforma de la sociedad, y la sociedad reformada para el desarrollo humano integral, el cambio continuo, para que la dignidad crezca, la libertad se amplíe, el pueblo adquiera sus derechos, los pobres mejoren sus condiciones de vida, y la Iglesia anuncie con valentía el Evangelio.
Combatir injusticia social
El cardenal Martínez sostuvo que creer en la Resurrección implica: contribuir a remover la piedra de los sepulcros que mantienen sepultadas las esperanzas de la gente a una vida digna y plena; es combatir la corrupción, la impunidad, el crimen organizado, el atropello a los derechos humanos, la injusticia social, la inequidad y la indiferencia ante el clamor de los débiles, de los pobres, de los que padecen hambre y sed de justicia.
Asimismo sostuvo que la resurrección es ponerse del lado de los crucificados, donde está Dios, no junto a los que, por su codicia y sin vergüenza, condenan y crucifican a inocentes, a los traficantes de la muerte por las drogas, por las armas, por la trata de personas.
Sostuvo que la resurrección igualmente implica defender y promover la vida en todas sus etapas, desde el vientre materno hasta la muerte natural. Promover la vida y defender la familia con empleos dignos, con seguridad y protección social para todos; con mayor y mejor inversión para el acceso universal a la salud y a una educación de calidad que forje ciudadanos capacitados para trabajar por su propio desarrollo humano integral y por el desarrollo del país.
Llamado a los cristianos
Exhortó a todos, pero en especial a los cristianos que ocupan cargos de responsabilidad en el sector público y privado del país que revisen si su vida, su conducta, sus criterios, sus juicios y sus decisiones colaboran para remover las piedras de la corrupción y de la impunidad para dar paso a la vida o si, con su acción u omisión, son instrumentos para seguir crucificando y sepultando a inocentes, constituyéndose en agentes y cooperadores del mal, de la oscuridad, de la muerte. “La mejor inversión en la vida, en la vida cristiana es desarrollar la mejor versión de uno mismo, en su esencia cristiana, para invertir en las ayudas mutuas que nos debemos”, resaltó.
Finalmente invitó a unirse en oración al Santo Padre, León XIV, para que se reabran “todos los canales posibles de diálogo diplomático para poner fin al grave conflicto en curso, en busca de una paz justa y duradera”.
