Conocido popularmente como “Fuego de San Antonio”, el herpes zóster es mucho más que una simple erupción cutánea. Se trata de una enfermedad causada por la reactivación del virus de la varicela-zóster, el cual permanece latente en el organismo tras la infección inicial, generalmente ocurrida durante la infancia.
Para entender su impacto y, sobre todo, cómo prevenir sus secuelas, la doctora Rocío Olmedo, del Servicio de Infectología del Hospital Central del Instituto de Previsión Social (IPS), brindó detalles sobre su diagnóstico y tratamiento temprano.
Herpes zóster: ¿Por qué aparece y quiénes están en riesgo?
El virus nunca abandona el cuerpo; se aloja en los ganglios nerviosos de forma inactiva. Su reactivación suele ocurrir en situaciones de inmunodepresión. Según la especialista, los grupos más vulnerables son:
- Personas mayores de 50 años: Debido al debilitamiento natural del sistema inmune por la edad.
- Pacientes con defensas bajas: Personas que atraviesan enfermedades crónicas o tratamientos que comprometen su inmunidad.

Sobre el contagio, la doctora Olmedo aclaró que el herpes zóster no se transmite de persona a persona. Sin embargo, el líquido de las ampollas sí contiene el virus activo, pudiendo provocar varicela en individuos que nunca la padecieron o que no están inmunizados.
La urgencia del tratamiento
El tiempo es el factor más crítico para evitar secuelas permanentes. La especialista enfatizó que el tratamiento debe iniciarse de forma ideal dentro de los primeros días tras la aparición de las lesiones.
El protocolo médico estándar incluye el uso de antivirales como aciclovir o valaciclovir. Para el manejo del dolor, que suele ser intenso, se emplean desde analgésicos comunes como el ibuprofeno hasta fármacos específicos para el dolor neuropático, tales como la pregabalina y otros antineuríticos.
Secuelas y complicaciones graves
La doctora explicó que el objetivo principal de la intervención médica rápida es evitar la neuralgia postherpética. Esta es la complicación más frecuente y se caracteriza por un dolor punzante y persistente que se mantiene incluso después de que las heridas han sanado, afectando severamente la calidad de vida.

Explica la doctora Olmedo que en escenarios más críticos, la falta de tratamiento oportuno puede derivar en afecciones del sistema nervioso central, como la encefalitis, una inflamación cerebral que convierte a esta patología en una condición potencialmente mortal.
Recomendación médica: no esperar turno
La doctora Olmedo hizo un llamado a la acción inmediata. Ante la aparición de pequeñas vesículas o ampollas acompañadas de dolor, la recomendación es acudir directamente a Urgencias en lugar de esperar por una cita programada.
La rapidez en el diagnóstico es en la mayoría de los casos, la única diferencia entre una recuperación exitosa y una complicación crónica, asegura la especialista.
