A Ana se le ilumina el rostro cuando describe a su hija Suelí (15) como una niña alegre que, pese a la adversidad de su condición de salud, siempre está con una sonrisa. Esa sonrisa es hoy su mejor regalo en el Día de la Madre, una fecha que, como muchas otras muy importantes, encuentra a esta mamá lejos de casa y de los suyos.
Oriundas de Encarnación, Ana y su hija Suelí llevan casi tres años en el Hospital Pediátrico Niños de Acosta Ñu. Suelí recibe tratamiento oncológico y movilizarla se hace muy difícil, por lo que su madre tuvo que optar por “hospedarse” en el albergue de este centro de referencia que acoge a pacientes de distintos puntos del país.
“Prácticamente hace tres años que estamos en tratamiento y siempre nos quedamos, ya que somos del interior y no podemos ir y venir cada ocho días, es muy difícil (...) Empezamos en el año 2023 con un simple dolor de cabeza y directamente nos trasladaron desde Encarnación para este hospital”, relató.
Aferrada a la esperanza, Ana lleva una rutina prácticamente normalizada compartiendo con otras mujeres que, así como ella, esperan pacientemente el alta de sus hijos. Hay días buenos y malos, pero esa importante red de apoyo que formaron las ayuda a sobrellevar mejor la situación que hoy les toca atravesar.
“El primer año pasé muy mal, pero gracias a Dios estamos todavía luchando hasta donde se pueda, solo Dios sabe (...) Acá nos apoyamos pasando el día, hablando, compartiendo; no es lo mismo estar acá que en tu casa con tu familia, pero se pasa bien porque tenemos el apoyo, ya sea de las mamis y de las licenciadas que no nos dejan“, dijo.
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Silvia es otra mamá, también oriunda de Encarnación, que acompaña el tratamiento de su hijo de 16 años, diagnosticado con astrocitoma intramedular hace aproximadamente tres años. La mujer cuenta que la evolución de su hijo ha sido positiva a lo largo de los años, pero actualmente tiene afectación en uno de sus pies, por lo que deben seguir viniendo al Acosta Ñu de manera periódica.
“Es un niño normal, va al colegio, está en el segundo año de la media, comparte en casa con sus amistades, acá con los chicos que están, así como nosotras también entre las mamás compartimos, llevamos el día, nos organizamos”, indicó.
La mujer contó que al principio también tuvo que quedarse de forma permanente en el albergue para acompañar el tratamiento de su hijo, algo que no fue muy fácil de sobrellevar, ya que sus vidas sufrieron un cambio en la rutina, a la que poco a poco se pudieron adaptar.
“Hubo un tiempo que nos quedamos seis meses netamente acá. A esta altura ya estoy acostumbrada a cómo tratarle y demás; al principio fue un cambio rotundo porque él ya es grande y nosotros teníamos nuestros hábitos (...) Acá te dan las directivas a seguir y es cuestión de adaptarse, pero como mamá bien, porque él ya es grande y comprende su situación, señaló Silvia.
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La importancia del albergue del Hospital Acosta Ñu
El albergue del Hospital Pediátrico Niños de Acosta Ñu es un centro de contención diseñado para alojar dignamente a por lo menos 70 familiares de pacientes internados. Su infraestructura cuenta con habitaciones, cocina y lavadero; el primer piso se reserva para pacientes oncológicos y cardiológicos con sus padres y el segundo nivel ofrece dormitorios compartidos para quienes tienen hijos en terapia intensiva.

Más allá del techo, este espacio busca la atención integral y humanizada, ofreciendo áreas climatizadas, salas de juegos y capacitación en oficios para las madres durante estancias prolongadas.
Es una pieza muy importante del sistema de salud que permite que familias de escasos recursos provenientes de todo el país mantengan el acompañamiento constante a sus hijos en tratamientos complejos, asegurando incluso la escolaridad de los niños a través de su escuela hospitalaria.
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