El obispo emérito de Caacupé, monseñor Claudio Giménez, presidió la tradicional misa dominical de las 07:00 en la Basílica Santuario de la Virgen de Caacupé. En su mensaje señaló que muchas personas viven “con temor” debido a la inseguridad, las enfermedades y los problemas cotidianos, situación que, según indicó, genera una tensión permanente en las familias y en la sociedad.
El religioso recordó que incluso los discípulos de Jesús actuaron con miedo tras la crucifixión y comparó esa realidad con lo que actualmente viven muchas personas.
“Estamos a veces en ascuas, esperando que algo suceda”, expresó al referirse al ambiente de incertidumbre que afecta a la población paraguaya.
El prelado insistió en la necesidad de recurrir al Espíritu Santo para afrontar las dificultades diarias y cuestionó la escasa práctica de valores esenciales como la paciencia, la humildad y el autocontrol.
En ese contexto, mencionó que la paciencia es cada vez más necesaria dentro de los hogares, entre padres e hijo. También en los lugares de trabajo y en las escuelas, donde muchas veces los docentes deben asumir responsabilidades que van más allá de la enseñanza debido a los problemas familiares que afectan a los niños.
Falta de dominio propio
En otro momento de la homilía alertó sobre la falta de dominio propio frente a situaciones vinculadas a los vicios, el alcohol y las drogas. Afirmó que muchas personas atraviesan estas problemáticas sin acompañamiento espiritual ni contención familiar o social.
Señaló que, en numerosos casos, quienes caen en las adicciones terminan enfrentando solos sus luchas internas, sin recibir orientación, escucha ni apoyo de su entorno más cercano. En ese contexto, insistió en la necesidad de fortalecer la fe, la solidaridad y el compromiso comunitario para ayudar a quienes atraviesan momentos difíciles.
Además, se refirió a la pérdida de la tolerancia en la convivencia cotidiana. Indicó que actualmente muchas discusiones y conflictos se generan porque las personas “quieren decirse las cosas fuertes” sin medir las consecuencias de sus palabras, causando heridas, divisiones y resentimientos.
Añadió que la falta de diálogo sereno y de comprensión mutua debilita las relaciones humanas, tanto dentro de las familias como en la sociedad.

Finalmente, dijo que el amor, el respeto y el ejemplo siguen siendo fundamentales para sostener la convivencia humana y cristiana. Remarcó que el testimonio de vida muchas veces vale más que las palabras, porque las acciones reflejan verdaderamente los valores y principios de cada persona.
Animó a los fieles a practicar la empatía, la comprensión y la paciencia en medio de una realidad marcada por tensiones, problemas sociales y dificultades que afectan diariamente a muchas familias.
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