En las últimas horas, las redes sociales se inundaron de debates tras la viralización de varios videos de un tradicional festejo de San Juan. ¿El motivo? El personaje elegido para encarnar al Judas kái de este año no fue el político de turno, sino el mismísimo Kylian Mbappé.
La combinación de la tristeza por la eliminación y las críticas de los aficionados hacia una supuesta actitud soberbia del delantero francés con los futbolistas paraguayos durante el encuentro, convirtieron al “10” galo en el blanco perfecto de las llamas de San Juan. Para muchos internautas extranjeros, la escena rozó la agresión.
La escena que está siendo masivamente reproducida y repudiada en redes corresponde a una fiesta de San Juan realizada en Asunción horas después de la eliminación de Paraguay ante Francia, pero la viralización del material se produce en el contexto del conflicto con la senadora Celeste Amarilla, quien profirió insultos racistas contra el jugador.
Sería esta la razón del enojo de los franceses en particular, al considerar que la quema del muñeco de Mbappé guarda relación con un odio irracional hacia su delantero.
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El Judas kái como catarsis colectiva
Para entender el fenómeno, primero hay que explicar el trasfondo. El Judas kái (literalmente “Judas quemado” en guaraní) es el rey indiscutible de los juegos de San Juan. Consiste en un muñeco de trapo en tamaño real, relleno de paja, papel y una generosa cantidad de bombas y petardos.
Aunque en sus orígenes bíblicos representaba la traición del apóstol Iscariote, el ingenio popular paraguayo lo reconfiguró hace décadas como un termómetro social. El Judas kái es, por definición, el personaje más antipático del año. Se lo viste, se lo bautiza y, a mitad de la noche, se lo cuelga para que arda ante los aplausos de la multitud mientras los explosivos detonan en su interior.

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Año tras año en Paraguay, cuando se acerca el 24 de junio, la pregunta obligada es ¿quién es el Judas de este año? Por lo general, los candidatos son personajes de la política, como senadores, diputados o el propio presidente; aunque tampoco escapan futbolistas y hasta árbitros.
De hecho, vendedores de petardos y explosivos se dedican especialmente a confeccionar los muñecos y la elección del personaje ya depende de los organizadores de fiestas de San Juan que tienen lugar a lo largo y ancho del país.

Un acto lejos del racismo o la xenofobia
¿Hay maldad real o xenofobia detrás del Mbappé de trapo? Absolutamente no. Quienes conocen el ADN de las fiestas populares saben que el Judas kái no busca promover la violencia física ni el odio genuino. Al contrario, funciona como un acto de humor frente a lo que nos molesta.
La quema del crack francés fue el recurso que encontró la afición para procesar, a través de la sátira y el folclore, la frustración de ver truncado el sueño mundialista.
Lejos de la polémica internacional que buscan encender los algoritmos de las redes sociales, el Mbappé de trapo que ardió este fin de semana fue solo eso: la Albirroja despidiéndose del Mundial con la cabeza alta y el espíritu de un pueblo que prefiere prenderle fuego a sus tristezas antes que dejarse vencer por ellas.
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