Durante la homilía, el párroco Pedro Maidana pidió que la ciudad sea un “paraíso” no solo por sus bellezas naturales, sino también por sus valores morales y espirituales. El acto religioso se realizó en la capilla del barrio Mil Viviendas y no contó con la presencia de autoridades municipales.
Maidana instó a las autoridades locales y a la ciudadanía a edificar la comunidad sobre bases sólidas para superar el deterioro de las infraestructuras y las crecientes amenazas climáticas.
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El religioso señaló que el verdadero carácter de un “paraíso” no puede sustentarse únicamente en las bellezas naturales o en las infraestructuras de Ayolas que, según lamentó, en gran medida se encuentran deterioradas y descuidadas.
“Quisiera que sea un paraíso en lo moral y en lo espiritual, donde haya unidad, entendimiento, reconciliación y sentido de pertenencia”, enfatizó durante la liturgia.

Entre el discurso y la acción
Tomando como referencia el texto evangélico, la prédica centró su atención en la necesidad de que los actos hablen con mayor fuerza que los discursos. Se criticó la brecha entre la retórica y la práctica diaria, advirtiendo sobre una “total disociación entre lo que dicen las palabras y lo que muestra la vida”.
“No todo el que me dice ‘Señor, Señor’ entrará en el reino. No podemos contentarnos con una religiosidad vacía, desencarnada o poco comprometida con la realidad. Se nos exige honestidad para cumplir fielmente la misión que se nos ha encomendado”, sostuvo el religioso, haciendo una clara alusión al rol de las autoridades e instituciones representadas en el acto.
Cimientos ante la adversidad
Haciendo un paralelismo entre la parábola bíblica de la casa construida sobre roca y la coyuntura que atraviesa la zona ribereña con el fenómeno de El Niño y las constantes amenazas de inundación, la homilía remarcó la urgencia de afianzar valores éticos para hacer frente a las crisis.
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“Para sobrellevar y vencer las adversidades, debemos tener un sólido fundamento. Si nuestra vida se establece sobre la superficialidad o la arena, cuando vengan las tempestades nos podemos derrumbar”, advirtió.
Finalmente, se instó a los ayolenses a renovar el compromiso colectivo para reconstruir tanto la ciudad material como el tejido moral de la sociedad, bajo la guía patronal de la Virgen Stella Maris.
