“Contratista de obras era y ahí abandoné eso y trabajé en la silla, sentado y en la sombra”, dijo Don Catalino, un hombre de 68 años que desde hace 45 repara “sillas cable”. El oficio comenzó de manera fortuita, cuando él trataba de darle fin al trabajo del muchachito que contrató y que no pudo cumplir con su misión.
Su trabajo le permitió vivir desde entonces en un país donde la “silla cable” es parte del conjunto de elementos para compartir una ronda de mate o tereré. Ahora tiene un taller de reparación, el Taller El Churro.
Un muchacho que lo “apreciaba demasiado”, según dijo, en algún momento le hizo una tarjeta para promocionar su taller y hace poco alguien más puso la foto de la tarjeta en Facebook. Esa fue la puerta a través de la cual le contactó con un hombre japonés que quería saber más acerca de su oficio.
Según cuenta Don Catalino, el hombre viajó desde Japón hasta Paraguay. Llegó a tierra guaraní el 4 de abril y se quedó una semana en casa del doctor de “sillas cable”. “Vino una semana, pasamos de maravilla, no le falto nada”, enfatizó. El japonés tomó fotografías de todo el trabajo del hombre bajo la sombra.
El japonés le pagó a Don Catalino para que le enseñe y antes de regresar le dijo que quiere que vaya a Japón en agosto próximo, para enseñar más de su arte. Don Catalino cree que quieren poner una fábrica de “sillas cable”, pero no tiene certeza.
Ahora el hombre que trabaja bajo la sombra y sentado, esperará a que el japonés le de más detalles sobre su viaje. La visa es de tres meses, para estar en Japón, después de eso “chau, devuelta a Paraguay”, aseguró Don Catalino.
