Discriminada por ser madre soltera

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No hay estudios específicos en Paraguay que permitan saber cuántas madres solteras existen ni en qué condiciones viven ellas y sus hijos; tampoco hay políticas públicas que atiendan las posibles dificultades que atraviesan, por ejemplo la discriminación.

Probablemente son cientos de miles las mujeres que por razones propias o ajenas deben afrontar la crianza de sus hijos solas. Este desafío viene acompañado por supuesto de dificultades, por ejemplo: la discriminación. Un grupo de valientes madres solteras y una hijan de madre soltera decidieron contar sus experiencias, porque ya no quieren que esto pase y porque el silencio no ayudará a frenar tratos degradantes que afectan a madres e hijos.

Alma Guerrero defiende férreamente a las madres solteras, que en su opinión son “especiales” y de ninguna manera son menos que las madres que cuentan con el acompañamiento del padre de sus hijos. Para esta abogada de 28 años, “orgullosa mamá soltera” de una niña de dos, el machismo es una piedra fundamental sobre la cual se alzan los estigmas con los cuales son discriminadas las mujeres que crían solas a sus hijos.

“Sí, considero que las mamás solteras sufren de discriminación, inclusive dentro de su propio seno familiar. La sociedad considera que una mamá soltera debe dedicarse sólo a su hijo/a sin posibilidad de rehacer su vida. La mamá soltera que decide continuar con su vida profesional y sentimental es mal vista”, opinan.

Alma resalta un punto muy importante: ser madre soltera ayuda a las mujeres a valorizarse y realzar su autoestima, porque cuando aprenden a luchar por sus hijos se dan cuenta que pueden lograr muchas cosas por sí mismas.

María Gloria Sosa Neuman y su hija Rebhecka fueron parte por muchos años de un grupo de la iglesia católica en San Lorenzo, en el que hijos y padres trabajaban para preparar la misa central de los domingos, para la realización de campamentos, congresos entre otras actividades. María Gloria cuenta que nunca tuvo un solo problema con los religiosos, tanto los de la iglesia que frecuentaba como con los de otras con las que trabajaban en conjunto. En su caso, la discriminación provenía de algunos de sus pares en el grupo. Tanto ella como otras madres solteras que integraban el círculo eran relegadas a la hora de actividades fuera de la iglesia, pero a las que sí podían asistir quienes estaban casados.

“Una vez, por darte un ejemplo, fue el aniversario de las bodas de plata de la coordinadora y su marido, asistimos como siempre a la misa de los domingos, mi hija leyó, estuvimos ahí, nos quedamos devuelta hasta las once de la mañana porque se hizo una misa especial para la pareja, con animación, era una misa trabajada que hacían los chicos. Y bueno, terminó la misa y después todas las personas casadas fueron invitadas a un almuerzo y nosotras (las madres solteras) no, porque de hecho yo no era la única mamá soltera con mi hija, había otras mujeres y algunas que tenían más de un hijo”, recuerda. Otras veces le pedían que contribuya con un pasacalle o que venda entradas para eventos a los cuales finalmente ella no podía asistir.

Para María Gloria es “fundamental” que se trabaje en la educación de los niños en la escuela, para cambiar este tipo de pensamientos estigmatizadores. También es necesario educar a los líderes de grupo y sobre todo a las personas que sufren discriminación, a no aceptar ese tipo de hechos.

“Yo creo que un error mío en aquel momento fue haberme callado, porque si me pasa hoy yo sé que no me callo, voy a decir. De hecho si alguna vez alguien me pregunta por qué me retiré -porque jamás me preguntaron-, yo les voy a decir: creo que mi error fue haber callado”.

Sandra Areco es madre de Lucas, un niño de 10 años al que ella ha criado por su cuenta. Uno de los episodios más resaltantes para ella ocurrió en el ámbito educativo, en el colegio María Auxiliadora, donde no podía ser delegada o vice-delegada porque era madre soltera, a pesar de que muchas madres estaban en su misma situación, la institución se cerraba en la idea de que una pareja casada por iglesia presida la comisión de padres. “Contando en esa aula, la mayoría éramos separadas o divorciadas o directamente madres solteras, o sea que la realidad social en este momento ya no es más así, hay que adaptarse… ya no es mamá, papá, porque cada familia tiene su forma de vivir”, señala Sandra.

Una decisión que ella tomó en su momento fue no demandar al padre de su hijo por el reconocimiento porque en su opinión, el apellido podría obtenerlo de esa forma, pero de qué le iba a servir si no había amor. Sobre este punto, Sandra cuestiona el hecho de que la gente la haya presionado para que demande. Dice que su hijo decidirá cuando sea mayor, si quiere o no llevar el apellido de su padre.

Los días festivos. En la mayoría de las instituciones educativas se festeja el día de la madre y el día del padre, en este último caso, el padre de Sandra, abuelo de Lucas, cumplió esa función hasta hace tres años, cuando falleció. Desde entonces, ella le al niño la opción de ir o no a esa celebración. Comenta que hubo un año en que no quiso ir y no fue, en otras ocasiones quiso ir pero con ella y entonces lo acompañó. Dice que los regalos que preparan por el día del padre se lo llevan al abuelo en su tumba, o a su bisabuelo que vive en Pedro Juan Caballero. “Él es muy maduro gracias a Dios y tampoco él deja que nadie le toque ese tema, él se defiende bastante bien”, cuenta Sandra.

“El tema de la discriminación es cuestión de defenderse, y no dejar que nadie te pisotee porque en mi caso como siempre dije, él no es un accidente ni es fruto del pecado, es fruto de mi amor, de mi decisión”, asegura.

Leila era joven, recién comenzaba a trabajar como abogada cuando quedó embarazada de su novio, quien al enterarse se fue. El embarazo fue considerado “una vergüenza” por el padre de Leila, y como consecuencia la echó de la casa, mientras que los demás miembros de su familia le aconsejaron que aborte.

Fuera de su casa, sin trabajo y con un embarazo curso pasó muy malos momentos, pero encontró soporte en una amiga suya también madre soltera, que entendiendo por lo que estaba pasando le ayudó conseguir un trabajo como secretaria en la empresa de su familia. Otra persona que jugó un papel fundamental como soporte para la joven abogada, fue el médico ginecólogo que ante la situación de ella fungió de consejero y además le ayudó a conseguir un seguro médico para cubrir los gastos del parto.

“Él me hablaba, era mi contención, con el único que hablaba era con él. Él me dijo una frase que me marcó y yo me agarré de eso. Cuando yo estaba demasiado desesperada y le dije ‘no sé qué voy a hacer, no tengo trabajo, no tengo a mi familia y me dejó mi novio’, y él me dijo ‘Tu hijo no necesita un papá, tu hijo lo único que necesita es una mamá valiente’, y de eso yo me agarré”, recuerda, ocho años después.

Muchos años después, considera que existen hombres que discriminan a las mujeres que tienen hijos. Dijo que en más de una ocasión un hombre se alejó porque tenía un hijo. Uno de ellos llegó a decirle directamente que su familia no aceptaría que tenga por pareja a una mujer que ya tiene un hijo. Incluso una amiga llegó a decirle que dado que ya tiene un hijo, “no puede aspirar a tanto y tiene que aceptar lo que venga”.

“Yo no sé por qué tienen que estigmatizarnos porque tenemos un hijo, siendo que tuvimos la valentía de tenerle y no recurrir a un aborto que es inclusive más fácil”, dice.

El 1 de enero y sin previo aviso Daniela sintió que la niña a la que había esperado durante nueve meses, estaba a punto de nacer. Ese día se convertiría en madre y ese día aprendería que hay profesionales de la salud para los que las madres solteras no tienen derechos, no, si no hay un marido que las defienda.

Con una enfermedad de base y porque la niña que esperaba era muy grande, durante el tratamiento prenatal había acordado con los médicos que el parto sería por cesárea. Sin embargo era 1 de enero y solo un médico estaba de guardia, por lo que la mandaron a tener un parto normal. El dolor era grande y a medida que le medían la dilatación una de las profesionales le dijo: “Abrí tus piernas rápido, cómo para hacer lo que tenías que hacer abriste rápido”, recuerda.

Durante el parto Daniela sufrió un desgarro y la anestesia solo se la pusieron después de eso, afirma y dice que hasta ahora tiene problemas como consecuencia de lo que le ocurrió en la sala de partos. Cuando todo terminó, una de las obstetras le dijo: “Si tenías un marido al lado, esto no te iba a pasar, ibas a tener alguien que te defienda”.

Como si fuera poco el trato en el hospital, Daniela enfrentó el apuro de la dueña de la casa alquilaba, quien le insistía constantemente para que le entregue a su hija, porque la mujer estaba segura de que una mujer sola no tiene la capacidad para cuidar de su bebé., lo que le obligó a mudarse a parte.

Daniela es hija de madre soltera y dice que su madre nunca permitió que le falte nada ni a ella ni su hermana, como ella no lo hará con su hija. Para ella, es necesario deshacerse de conceptos arraigados como el machismo y se debe apuntar a la educación para cambiar los prejuicios.

Leticia Acosta es hija de madre soltera, y esto afectó su vida escolar de manera determinante cuando estudió en el colegio Salesianito, tanto que tuvo que mudarse a otro colegio. A su madre no le dejaban presidir la comisión de padres, porque el estatuto del colegio establecía que ese lugar lo debía ocupar una pareja casada. Había otros compañeros en su misma situación y ese grupo no era invitado a los eventos sociales organizados por los padres que sí eran casados, recuerda.

De los profesores recuerda de que constantemente hacían referencia a que tenía un solo apellido y que siempre le preguntaban por su papá. Durante las misas, los bancos de adelante lo ocupaban las familias compuestas por madre, padre e hijos y las madres solteras eran colocadas al fondo con los suyos.

“Me tuve que cambiar porque ya sentía esa diferencia, ya era más grande, tenía 9 o 10 años y ya sentía esa diferencia y ya me daba vergüenza porque todos mis compañeros tenían mamá y papá”, dice y recuerda que al principio hasta estaba enojada con su madre porque su padre no estaba con ellas. Sin embargo, a sus 23 años, dice que pudo asimilar lo ocurrido y cree que el estar sola o acompañada por el padre no define a la madre, lo que las define es todo el sacrificio que hacen para criar a sus hijos.

 Incluso, ahora ella hace de mamá y papá, porque se encarga de criar a un sobrino que por determinadas circunstancias está con ella. “Pero la gente te mira con más orgullo ahora, te mira y dicen ‘mira, mamá soltera, que guapa’”, dice.

“Le agradecería mil veces (a su madre) y no van a ser suficientes, porque ser papá y mamá ella sola no habrá sido fácil y segundo, ya lo hice, pero le pediría disculpas eso de reprocharle el hecho de que nunca pude tener un apellido paterno. Y a todas las madres en general, que no importa el hecho de que estes acompañada o no por un hombre, creo que el rol de mamá podes hacer sola y de hecho que el rol de mamá es único y en todo caso es complementado”, dijo como mensaje final.

PD: !El amor no discrimina, así que feliz día a todas las madres solteras!