Por mal desempeño en sus funciones y la masacre de Curuguaty sobre sus hombros, Fernando Lugo, quien llegó al poder un 20 de abril de 2008, dejaba el cargo en un juicio político al que muchos calificaron como “exprés” y que le dio al liberal Federico Franco la oportunidad de asumir el cargo y terminar el mandato.
Conspiración, golpe de Estado y otras expresiones similares fueron las que lanzó Lugo horas después de haber sido destituido. Acusó a colorados y liberales de haberse unido para sacarlo del poder. Este último grupo fue uno de los puntales que con una alianza lo llevó a la presidencia y ahora lo estaba enviando al averno y al destierro político.
Luego de estar en silencio, Fernando Lugo volvió a la política y ocupa actualmente un lugar en el Senado, sentado al lado de sus antiguos adversarios que lo llevaron al destierro y con el que hoy vuelven a ser “amigos”. A las puertas de importantes elecciones en que se deben definir cargos, no importa si a tu mesa hoy se sienta un “tipo que se cagó en Dios”, como decía el senador Juan Carlos Galaverna de Lugo. Lo que realmente importa es sumar votos.
El jueves de la semana pasada, Fernando Lugo comía sentado en una mesa con muchos de sus más acérrimos enemigos, varios de los cuales fueron los que votaron por su destitución. Sin embargo, todo fue muy ameno. Atrás quedaron esas frases que bordeaban lo chabacano a las que nos tiene acostumbrados el "impoluto" senador Galaverna contra Fernando Lugo, a quien acusaba de padre irresponsable, mentiroso y hasta decía que no le sorprendería ver al exobispo manteniendo relaciones sexuales con un cadáver.
Por su parte, Lugo acusaba a "Calé" de haber robado la elección a Argaña y señalaba que lo que más le llamaba la atención era que no fue castigado. El buen vino y las finas carnes, al parecer, hicieron olvidar las acusaciones que años atrás se lanzaron entre sí Lugo y los colorados. Lo del juicio político pasó a ser un anécdota lejana en la conciencia política.
