1. La velocidad del cambio y el fin del aula tradicional
No cabe duda de que estamos viviendo un cambio de era; los cambios son significativos, constantes y disruptivos. Recuerdo que anteriormente los tiempos permitían capacitarnos con calma y alinear conocimientos nuevos para ponernos al día.
Hoy, esa realidad cambió. La forma en que aprendemos y las metodologías han debido evolucionar. La formación tradicional tiene una tasa de retención baja; el aprendizaje real ya no ocurre únicamente en el aula, sino en la transferencia de experiencias a través de redes de apoyo.
La riqueza de la experiencia transversal
He podido valorar y aprender a través de diversos programas en los que participé, todos con objetivos y realidades diferentes, pero unidos por un mismo principio: el valor del acompañamiento. Esta convicción se ha forjado en escenarios muy distintos:
Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy
En el ecosistema emprendedor: siendo mentora de mujeres emprendedoras que buscan transformar sus ideas en realidades.
En el liderazgo corporativo: acompañando a mujeres en búsqueda de superación profesional que aspiran a posiciones de alta dirección.
En la soledad del mando: participando en programas para dueños de empresas y profesionales que, desde la soledad de su posición, necesitan un espacio para compartir su visión.
En la empresa que dirijo: siendo parte activa en la conformación de programas de aprendizaje organizacional dentro de la compañía donde he sido CEO por casi 14 años.
En el ámbito personal y social: a través de la pastoral matrimonial, guiando a jóvenes en su preparación para la vida en común.
El aprendizaje como evolución humana
En todas y cada una de estas experiencias, tanto en el sector automotor como en otros rubros, puedo afirmar que el mayor aprendizaje de mi vida ha sido el intercambio. Se trata de un proceso circular: compartir experiencia y conocimiento, pero también recibir el alto valor de las vivencias de los demás.
Las redes de apoyo y el mentoring siguen siendo el motor que me mueve hacia la evolución de mi propia humanidad. Es esa esencia humana la que resulta imposible de suplantar con IA o nuevas tecnologías. En mi camino de aprendizaje, tengo una máxima que siempre repito y seguiré sosteniendo: La Humanidad es la que salvará a la Humanidad.
2. Los tres pilares del valor estratégico
I. La democratización del conocimiento y el mentoring inverso
Una cultura organizacional sólida promueve que el conocimiento fluya en todas direcciones. Mientras el seniority ayuda a los más jóvenes a navegar la cultura y la estrategia, las nuevas generaciones aportan habilidades natas en adopción tecnológica.
El joven enseña tecnología al directivo y el directivo transfiere visión. Es un aprendizaje bidireccional que rompe jerarquías en favor de la eficiencia.
II. Seguridad psicológica: el error como activo de aprendizaje
Las redes de apoyo crean espacios seguros para fallar y aprender rápido sin represalias. Cuando la cultura de aprendizaje es fuerte, el error no es mal visto; se convierte en una oportunidad de aprendizaje acelerado desde la experiencia del otro. La confianza permite que la organización aprenda de sus fallos en tiempo real.
III. Agilidad y resiliencia: organizaciones que “conversan”
Uno de los mayores aprendizajes que me dejan las metodologías ágiles es la capacidad de ejercitar la conversación. Las organizaciones que conversan se adaptan más rápido que las que solo siguen manuales.
En mi experiencia, he vivido situaciones donde siempre resultó más valiosa la interacción humana que el manual de procedimientos. Conversar materializa la toma de decisiones, democratiza la resolución de conflictos y alinea a todos con la misión de la empresa.
3. Evidencia y respaldo estratégico
Según Gartner y Harvard Business Review (HBR), para 2024-2025 la inteligencia colectiva es la integración de sabiduría humana y conexiones.
De “Aprendices continuos” a “Aprendices conectados”: Gartner señala que los Connected Learners aprenden un 25% más rápido. Como CEO, he comprobado que el mentoring es el pegamento que crea a estos aprendices.
El “Sistema inmune” ante la IA: HBR destaca que el valor diferencial hoy es la ingeniosidad humana. En mi labor mentoreando a mujeres líderes y guiando a parejas jóvenes, confirmo que la empatía y la vivencia compartida son valores que ninguna IA puede sustituir; son los que dan resiliencia real a una estructura.
4. La fuerza de la interacción: del directorio a la vida personal
El aprendizaje más profundo ocurre donde hay un vínculo de confianza absoluta, ya sea en un comité de dirección o en un proceso de preparación matrimonial.
En mi experiencia como pareja guía junto a mi marido, creamos un clima de pares. Al compartir nuestra vida, nosotros también nos enriquecemos; hay una reconexión de emociones que solidifica la relación. Lo mismo sucede en la empresa: la confianza genera conversaciones generativas que alimentan la relación y preparan el clima para la acción.
5. Conclusión
Hoy, mirando hacia atrás, ratifico que la agilidad y la resiliencia no son conceptos abstractos, sino el resultado directo de nuestra capacidad de interacción. La mentoría y las redes de apoyo no son solo “buenos gestos”; son la infraestructura invisible que permite a una organización –y a una persona– sobrevivir y prosperar en la incertidumbre.
*Consultora empresarial y docente








