El panorama económico de América Latina y el Caribe en 2025 se define por una frágil estabilidad, mientras que Paraguay se ha destacado por su rendimiento macroeconómico de crecimiento del 6% del PIB superior al promedio regional y sus dos calificaciones históricas de grado de inversión.
En un entorno global marcado por tensiones geopolíticas, guerras comerciales, volatilidad del mercado y los impactos del cambio climático en la producción, Paraguay emerge no solo como un país resiliente, sino como un actor inesperado en los indicadores de formalidad del empleo y tasa de desocupación (5%), sin embargo queda pendiente elevar los niveles de calidad de empleo.
El informe Panorama Laboral 2025 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) revela que, mientras gran parte de la región lucha contra el estancamiento, el mercado laboral paraguayo ha mostrado un dinamismo destacado en la creación de empleo formal impulsado desde el sector privado y su capacidad de generar empleo.
Este liderazgo paraguayo se sitúa en un contexto regional complejo donde la informalidad afecta a casi la mitad de la población ocupada y la desocupación juvenil sigue siendo una crisis latente.
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El informe que valida el progreso del país en lo laboral también se convierte en una hoja de ruta crítica que señala los nudos estructurales que Paraguay debe resolver para consolidar su crecimiento hacia 2026.

Un oasis de formalización privada
La OIT destaca que Paraguay, junto con Brasil y Costa Rica, lidera la expansión de la categoría de empleo asalariado formal, considerada como el oro del mercado laboral por su repercusión con la protección social y la productividad.
Los datos son reveladores: para el primer semestre de 2025, el número de ocupados formales privados en Paraguay superó en un 9% las cifras registradas a comienzos de 2023. Paraguay sobresale particularmente por la “intensidad de este crecimiento a lo largo de los dos últimos años”.
Este dinamismo contrasta con la realidad de otros países del Cono Sur: Argentina, Chile y Uruguay registraron un estancamiento o incluso caídas netas en la creación de empleo formal privado en el mismo período. Mientras Paraguay aceleraba su formalización, las economías vecinas mantenían registros similares o inferiores a los de enero de 2023.
Incluso países con mercados más grandes como México y Colombia, que registran avances, lo hicieron a un ritmo significativamente menor (entre el 3% y el 4%), quedando muy por detrás del porcentaje alcanzado por Paraguay.
Este fenómeno refleja una capacidad de absorción de mano de obra por parte del sector productivo local que desafía la tendencia de “crecimiento sin empleo” de otros mercados.
Paraguay con desocupación en mínimos históricos
La mejora paraguaya se refleja en sus indicadores macro. Al comparar el primer semestre de 2024 con el mismo periodo de 2025, el país muestra una trayectoria de consolidación:
Tasa de participación: Se incrementó del 70% al 70,4%, más paraguayos confían en el mercado y están buscando o ejerciendo un empleo.
Tasa de ocupación: Subió del 65,4% al 66,7%, uno de los más altos de la tabla regional, superando el crecimiento promedio que fue de 0,4 puntos porcentuales.
Tasa de desocupación: Experimentó caída del 6,7% al 5,2%.
La tasa de desocupación paraguaya que es del 5,2% es menor al promedio regional que alcanzó el 5,8%. Mientras Paraguay reducía su desempleo, otros países enfrentaban presiones crecientes, como por ejemplo en Argentina la desocupación subió al 7,7%, en Chile al 8,8% y en Colombia se mantuvo en un 9,7%.

Tres desafíos comunes a nivel regional
A pesar del éxito local, Paraguay no está fuera de los desafíos que debe enfrentar toda América Latina y el Caribe. El informe de la OIT describe una región que, aunque resiliente, lleva más de una década sin avances sustantivos en productividad y participación laboral.
1. La persistencia de la informalidad
La informalidad laboral sigue siendo el rasgo más persistente del mercado regional. En promedio, afecta a casi el 47% de los ocupados en la región, creando un obstáculo severo para el desarrollo inclusivo. Paraguay es líder en la creación de empleo formal, todavía convive con una base de informalidad que actúa como un amortiguador de baja productividad.
El contraste regional es extremo: mientras Uruguay y Chile tienen tasas de informalidad inferiores al 30%, en Bolivia y Perú supera el 70%. El reto para Paraguay es evitar que su crecimiento formal se detenga y lograr que los sectores informales se integren a la economía moderna.

2. La crisis de la juventud
La OIT califica la desocupación juvenil como “crítica”. A nivel regional, la tasa de desempleo para los jóvenes de 15 a 24 años es del 12,5%, casi tres veces superior a la de los adultos. Además, la informalidad se ensaña en este grupo, afectando al 56% de los jóvenes ocupados, frente al 42,8% de los adultos.
En países como Costa Rica y Uruguay, la desocupación juvenil llega a un alarmante 25%. Para el empresariado paraguayo, este es un llamado de atención: el bono demográfico del país solo se capitalizará si el empleo formal recién creado es capaz de absorber a las nuevas generaciones con condiciones de trabajo decente.

3. Brechas de género y educación
Aunque la participación femenina ha mostrado comportamientos más favorables recientemente, sigue siendo insuficiente. En la región, la tasa de participación masculina es del 75% frente al 53% en las mujeres. Paraguay no es la excepción en esta brecha. El informe subraya que la educación, aunque crucial, no basta para cerrar estas diferencias por sí sola, debido a la segmentación ocupacional y la carga desigual del trabajo de cuidados no remunerado.
Ganadores y perdedores
El análisis por sectores de la OIT ofrece pistas sobre hacia dónde se mueve la inversión. A nivel regional, el sector de transporte lideró el dinamismo con un aumento del 5%, seguido por hoteles y restaurantes (3,2%) y educación (2,6%). Estos sectores, vinculados a la recuperación de la movilidad y el consumo interno, han sido motores clave.
En el otro extremo, el sector agropecuario regional registró una caída de casi el 1%, continuando una tendencia descendente que afecta principalmente a las áreas rurales. Para Paraguay, cuya economía tiene una fuerte base agroindustrial, este dato es vital: el menor dinamismo rural en comparación con el urbano está ampliando las brechas territoriales en toda la región.
La OIT advierte que la brecha de ocupación entre el campo y la ciudad se ha triplicado en la última década (pasando de 1 a 3 puntos porcentuales de diferencia).
Un horizonte entre la incertidumbre y transformación digital
Las perspectivas para 2026 son de una cautela. Se prevé que la región crezca apenas un 2,3%, muy por debajo del 3,1% previsto para la economía mundial. El elevado endeudamiento público y el estancamiento de la productividad limitarán el espacio fiscal para políticas de estímulo.
Además, el informe señala que 2025 podría ser un “punto de inflexión” debido a la aceleración de la digitalización y la inteligencia artificial. Para las empresas de Paraguay, esto implica que la competitividad ya no dependerá solo de la estabilidad macro, sino de la capacidad de adaptar su fuerza laboral a nuevas habilidades tecnológicas y socioemocionales.
La OIT advierte que las brechas digitales podrían actuar como un filtro adicional que aumenta las desigualdades según el nivel educativo o la residencia.
El balance para Paraguay es positivo, pero el informe de la OIT sugiere que la recuperación coyuntural debe transformarse en un proceso sostenido de generación de trabajo decente y de calidad. Para lograrlo, el reporte propone ejes de acción:
Impulsar la productividad sistémica: invertir en capacitación y tecnología para que el empleo formal sea viable a largo plazo.
Fortalecer el diálogo social: cooperación efectiva entre gobiernos, trabajadores y trabajadoras para diseñar políticas que reduzcan la informalidad sin asfixiar la competitividad empresarial.
Inclusión estratégica: atacar la desocupación juvenil y las brechas de género como una estrategia para ampliar la base de talento disponible.
Estabilidad frágil y calidad de empleo
Paraguay se encuentra hoy en una posición de privilegio estadístico en América Latina. Haber liderado la creación de empleo formal privado en un período de incertidumbre global es un testimonio de la fuerza del sector empresarial local y de un marco económico que, por ahora, favorece la inversión.
El panorama de la OIT es claro: la estabilidad es frágil y el éxito de Paraguay hacia 2026 no se medirá solo por mantener una tasa de desocupación del 5%, sino por su capacidad para elevar la calidad de todo su mercado laboral, integrando a jóvenes y mujeres, y cerrando la brecha de productividad que aún lo separa de las economías más avanzadas. En los próximos años la resiliencia ya no será suficiente; la transformación será obligatoria.










