En ABC Negocios hemos analizado a lo largo del 2025 varios indicadores que pueden visibilizar la hoja de ruta macroeconómica de la nación. Sin embargo, el indicador ideal para medir el desarrollo y progreso real de un país no es una cifra única, sino una visión multidimensional.
Paraguay atraviesa un momento clave a nivel macro que despierta envidia en la región. Con un grado de inversión consolidado y proyecciones de crecimiento que rozan el 4,5% para este 2026, se presenta ante el mundo como un puerto seguro para el capital. Sin embargo, las envidiables cifras están midiendo cuánto producimos, pero no cómo vivimos.

Crecimiento versus bienestar
El crecimiento del PIB durante el 2025 fue del 6% y Paraguay se posiciona con una de las macroeconomías más estables. Paraguay lidera las proyecciones de crecimiento de la ONU para la región en 2026, pero la percepción ciudadana sigue siendo: “La plata no alcanza”.
El índice de progreso social (IPS) 2026 califica al Paraguay con 67/100 puntos (revisar ABC Negocios del 28 de enero) y destaca gestiones relevantes como los avances en conectividad (banda ancha móvil) y acceso a agua potable. Sin, embargo, los puntajes bajos golpean una vez más la calidad educativa (puesto 121 global) y la salud (puesto 150).
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¿Por qué no basta con el PIB?
El PIB tiene puntos ciegos críticos. Por ejemplo, un desastre natural puede aumentar el PIB debido al gasto en reconstrucción, pero claramente disminuye el bienestar. Además, el PIB no contabiliza la desigualdad, el daño ambiental ni el trabajo doméstico no remunerado.
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El progreso no es solo producir más; es vivir más tiempo, con mejor educación y en una sociedad equitativa, calidad de empleo y calidad de vida. Un país puede ser rico en divisas pero pobre en bienestar si no traduce sus ingresos en capacidades reales para su gente.
Por ello, ABC Negocios conversó con dos destacados economistas paraguayos con quienes analizamos cuáles podrían ser los mejores indicadores para medir la prosperidad de un país, basados en datos actuales y con una visión crítica que conecte la macroeconomía con el bolsillo de la gente.
Medir el éxito del “resurgir de un gigante” requiere hoy una mirada que trascienda la exportación de soja, carne y energía. En este reportaje, desglosamos por qué la verdadera temperatura de nuestra economía no se toma solo en el Banco Central, sino en la calidad del empleo, la institucionalidad, el acceso a una salud y educación digna y la capacidad de nuestra educación para transformar el bono demográfico en riqueza intelectual. Es momento de analizar si estamos construyendo un país para el tablero estadístico o una nación de bienestar para sus ciudadanos.

“El PIB, un indicador engañoso”: Manuel Ferreira
El exministro de Hacienda Manuel Ferreira Brusquetti sostiene que no existe un único indicador capaz de reflejar la realidad económica y social de una nación. “El producto interno bruto per cápita es un indicador limitado. Es un promedio que puede ser engañoso si existe una gran dispersión entre los ciudadanos: algunos muy ricos y otros muy pobres”.
El producto interno bruto (PIB) per cápita, que se calcula dividiendo el PIB total de un país entre la cantidad de habitantes, ha sido tradicionalmente uno de los principales indicadores de éxito económico. Sin embargo, Ferreira Brusquetti advierte que este número, por sí solo, puede ocultar desigualdades significativas. “Cuando gran parte de la población está muy lejos de ese promedio, ya sea por exceso o por carencia, este indicador deja de ser representativo”.
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La desigualdad como factor clave
Para complementar el PIB, los expertos recurren a indicadores de desigualdad. El más reconocido es el índice de Gini, que mide la distribución del ingreso en una sociedad en una escala de 0 a 1. Un Gini cercano a cero indica igualdad absoluta, mientras que un valor próximo a uno refleja máxima desigualdad.
Según el Banco Mundial, en 2024, países como Dinamarca y Noruega presentaron un índice de Gini de aproximadamente 0,27, mientras que Paraguay se situaba en torno a 0,49, evidenciando desafíos en la distribución de la riqueza.
“La desigualdad no solo es un tema económico, sino que afecta directamente la calidad de vida y la cohesión social”, afirma. “Cuanto menor sea este índice, mejor será el indicador de bienestar de la población”.
Cobertura social: un colchón de seguridad
Además de los indicadores económicos y de desigualdad, existen métricas vinculadas a la protección social y la cobertura de servicios esenciales. Ferreira menciona algunos ejemplos: la cantidad de personas con seguro médico, el acceso a jubilaciones y pensiones, y la disponibilidad de servicios básicos para la población.
Estos indicadores reflejan la capacidad de un país para generar un colchón de seguridad social, un elemento fundamental para medir la calidad de vida más allá del dinero disponible.
“No necesariamente el Estado tiene que proveer estos servicios, pero es crucial que existan mecanismos que permitan que la población tenga acceso a salud, educación y protección económica”.
Instituciones y acceso a bienes públicos
Otro componente fundamental en la evaluación del éxito de un país son los índices institucionales, sostiene Ferreira. Entre ellos se incluyen la calidad del sistema judicial, la transparencia en la gestión pública y la disponibilidad de bienes y servicios públicos. El experto explica que estos indicadores buscan medir “el nivel de calidad al que la población puede acceder”.
Por ejemplo, el Índice de Estado de Derecho del World Justice Project analiza factores como la independencia judicial, la protección de derechos fundamentales y el control de la corrupción. “En países donde estos índices son altos, la población no solo vive mejor en términos económicos, sino que también goza de mayor seguridad jurídica y acceso a servicios públicos de calidad”.
Para Ferreira Brusquetti, la clave está en combinar múltiples indicadores: “El éxito de un país no puede reducirse a un solo número. Es necesario mirar una batería de indicadores que incluyan economía, desigualdad, cobertura social e institucionalidad. Lo que buscamos medir finalmente es la calidad de vida, el acceso a oportunidades y la seguridad social y económica de las personas”, resaltó.
“Un medidor de éxito es la calidad del empleo”. Humberto Colmán
Humberto Colmán, economista jefe de la Fundación Desarrollo en Democracia (Dende), exviceministro de Economía y exmiembro del Directorio del Banco Central del Paraguay (BCP), coincide que no existe un único indicador capaz de reflejar el desarrollo y la prosperidad de una nación.
Crecimiento económico y calidad de vida: el rol del PIB per cápita
El producto interno bruto (PIB) per cápita sigue siendo uno de los indicadores más utilizados para medir el éxito económico de un país. “Se dispone de este dato con mayor frecuencia y se relaciona positivamente con el nivel de vida”, señala. Países con un PIB per cápita elevado tienden a tener mejores sistemas de educación y salud, además de menores tasas de pobreza.
Sin embargo, el economista enfatiza que el crecimiento económico por sí solo no garantiza desarrollo sostenible ni bienestar social. “Se puede dar que una economía crezca, pero que aumente la desigualdad o que las instituciones sean débiles, resultando en un crecimiento con instituciones extractivas”, advierte.
Uno de los factores más relevantes para medir el éxito de un país es la calidad del empleo. “No se trata solo de generar más puestos de trabajo, sino de crear empleos formales, con buenos salarios y acceso a la seguridad social”, explica.
La estabilidad de precios también juega un rol fundamental. Una inflación baja y previsible mejora la previsibilidad económica, reduce el costo del financiamiento y fomenta la inversión, lo que a su vez eleva el poder adquisitivo de los trabajadores y promueve un crecimiento más inclusivo.
Instituciones sólidas y reducción de la pobreza
Para que un país sea exitoso, el crecimiento debe ir acompañado de inclusión social y fortalecimiento institucional. En este sentido, la pobreza es un indicador clave. Para cuantificarla mejor, Colmán propone complementar los tradicionales indicadores de ingreso con otros vinculados al capital humano, como el acceso a educación y salud de calidad.
Una población más educada y saludable es más productiva, innovadora y capaz de adaptarse a los cambios tecnológicos y del mercado laboral.
Medir la satisfacción con la vida
Más allá de los indicadores económicos y sociales, Humberto Colmán destaca la importancia del bienestar emocional y la satisfacción de la población, que se puede medir a través de encuestas de percepción, que reflejan cómo la población valora su calidad de vida, su seguridad y sus oportunidades.
“Una economía que crece, genera empleos de calidad y permite acceso oportuno a educación y salud se relaciona directamente con una mayor satisfacción de la gente”.
Según Colmán, Paraguay debería centrar sus esfuerzos en elevar el ingreso per cápita, aumentar la productividad, promover el incremento y el valor agregado de las exportaciones, generar más empleos formales y fortalecer las instituciones.
“El crecimiento, para que sea realmente sostenible y justo, debe ir acompañado de inclusión social y oportunidades para toda la población, y para evaluar este enfoque la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) propuso un conjunto de indicadores que permiten medir distintas dimensiones del desarrollo”.
1. Crecimiento y prosperidad
• Producto interno bruto (PIB) per cápita (PPP): refleja el ingreso promedio ajustado por paridad de poder adquisitivo.
• Productividad laboral: mide la producción por trabajador, un indicador clave para la competitividad.
• Tasa de empleo: porcentaje de la población en edad de trabajar que está ocupada.
• Tasa de desempleo: proporción de la fuerza laboral que no encuentra empleo.
2. Inclusión económica
La distribución de la riqueza es fundamental para un crecimiento justo:
• Coeficiente de Gini: mide el grado de desigualdad en los ingresos.
• Tasa de pobreza: porcentaje de la población que vive bajo la línea internacional de pobreza.
3. Capital humano
• Esperanza de vida: años promedio que una persona puede esperar vivir.
• Educación terciaria completa: porcentaje de adultos que completan estudios superiores.
4. Inclusión laboral
• Participación laboral femenina: porcentaje de mujeres activas en el mercado laboral.
• Empleo informal: proporción de trabajadores en condiciones no formalizadas.
5. Bienestar social
• Satisfacción con la vida: índice de bienestar subjetivo de la población.
6. Sostenibilidad
• Emisiones de CO₂ per cápita: toneladas de carbono emitidas por habitante.
