Los que empujan desde abajo cuando el Estado no avanza

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Perspectivas Dende 2024 (archivo)

Paraguay crece 6,6%. Es la envidia de la región. Pero el 60% de su fuerza laboral trabaja en la informalidad, la burocracia frena negocios e inversiones y la institucionalidad sigue siendo el talón de Aquiles. En ese hueco, organizaciones sociales acumulan más de dos décadas construyendo liderazgo, reformando políticas y articulando al sector privado con el Estado. Dende, el Club de Ejecutivos, Horizonte Positivo y ADEC apuestan a que la transformación también se construye desde abajo.

Paraguay, a mediados de los años 2000

La pobreza superaba el 50% y la clase política no daba señales. Dos décadas después, el Paraguay parece otro. El Banco Central cerró 2025 con un crecimiento del PIB de 6,6%, cuadruplicando el promedio regional.

La energía hidráulica más barata del continente sigue siendo una ventaja imbatible. Pero, al parecer, el país llega a su techo de crecimiento.

La OIT ubica al Paraguay entre los tres países con mayor precariedad laboral de la región, solo por detrás de Bolivia y Perú.

La burocracia estatal sigue siendo densa, la impunidad domina, la institucionalidad débil y la corrupción es sistémica. El crecimiento llegó, pero su distribución es desigual y su sostenibilidad es incierta.

En ese espacio, entre el potencial y la realidad, operan cuatro organizaciones. ABC Negocios conversó con sus directivos.

Dende: 800 líderes formados en 20 años

La Fundación Dende nació en 2003 con un mandato: construir institucionalidad donde el Estado fallaba. Su presidente, Alberto Acosta Garbarino, repasa el origen con números concretos: en veinte años capacitaron a 800 dirigentes a través de su programa de formación de líderes, y a más de 400 universitarios en su programa para jóvenes. La red total vinculada a la institución supera las 1.200 personas.

“Paraguay atravesó dos décadas sin crecimiento, tras la culminación de las obras de Itaipú, con niveles de pobreza superiores al 50% a comienzos de los años 2000. Impulsamos una institución independiente de intereses partidarios que contribuya a cambiar esa situación”, comenta Acosta Garbarino.

Entre los aportes concretos de Dende, comparte Acosta, figura el impulso a la creación de la Agencia Financiera de Desarrollo (AFD), hoy herramienta clave del financiamiento productivo paraguayo. “También trabajamos en el fortalecimiento del vínculo con Brasil y en mejorar la imagen del país ante inversores externos”.

Club de Ejecutivos: 700 socios y un ecosistema empresarial

El Club de Ejecutivos cumple 26 años. Nació como Club Financiero, con foco en gestión corporativa, y evolucionó hasta convertirse en una plataforma de encuentro estratégico del empresariado paraguayo. Hoy reúne a más de 700 socios de industria, comercio, tecnología, agroindustria, logística, finanzas y servicios.

Su presidenta, Laura Ramos, describe una institución que va mucho más allá del networking. “El Club impulsa debates sobre transformación digital, sostenibilidad, competitividad e institucionalidad”.

“Buscamos contribuir a la construcción de un Paraguay más moderno, competitivo e inclusivo. Para eso hay que fortalecer el capital humano, promover la innovación y generar condiciones favorables para la inversión y el empleo”, argumenta Ramos.

En un país donde el mercado formal no absorbe aún a los cientos de miles de jóvenes que ingresan a la fuerza de trabajo, el rol de una organización que conecta empresas con talento calificado y empuja la agenda de competitividad tiene impacto directo.

Horizonte Positivo: reformas que empiezan en el papel y terminan

en ley

Horizonte Positivo se define como un think tank de acción: genera evidencia, propone reformas y acompaña su implementación.

Su director ejecutivo, Hugo Cáceres, enumera sus tres pilares: institucionalidad, desarrollo social y visión país. No son conceptos abstractos. Detrás hay trabajo y reformas concretas gestionadas: transporte público, servicio civil, digitalización de trámites, modernización del Estado.

La organización cuenta con cerca de 70 socios empresariales y un Consejo Asesor de 20 expertos del sector privado, la academia y la sociedad civil. Opera con alianzas con universidades, organismos internacionales y entidades públicas.

Su foco también es empleabilidad juvenil y responde a un dato que no admite demora: según la OIT, en los países de ingresos medios-bajos, menos de uno de cada cinco jóvenes accede a un empleo estable.

“Nuestro propósito es ayudar a reducir la distancia entre el Paraguay actual y el país con potencial de crecimiento y bienestar para toda la población”, propone Hugo Cáceres.

ADEC: Fair play empresarial y sostenibilidad

La Asociación de Empresarios Cristianos (ADEC) reúne a 475 personas y empresas, con especial aporte de socios jóvenes, que contribuyen con nuevas ideas y dinamismo, complementando la experiencia de los miembros con mayor trayectoria.

Jorge Figueredo, su presidente, resaltó el propósito de construir un sector privado competitivo, comprometido con los valores y capaz de liderar transformaciones que enfrentan las empresas, en un contexto cada vez más exigente en materia de sostenibilidad, transparencia y responsabilidad social.

Para Figueredo, uno de los principales objetivos es promover el “fair play empresarial”, inspirado en el espíritu de un Paraguay que se prepara para importantes desafíos internacionales. “El empresariado paraguayo tiene altos niveles de competitividad y está en condiciones de marcar la agenda para el desarrollo del país”.

Otro de los ejes de ADEC, comenta Figueredo, es el rol de las empresas como agentes de cambio social. “Los emprendimientos tienen la capacidad de generar impactos positivos en las comunidades donde operan, especialmente en el interior del país, donde muchas veces llegan antes que otros actores”.

La sociedad que no espera al Estado

Paraguay tiene una particularidad: la ciudadanía aprendió a resolver sola lo que el Estado no le da. Esa resiliencia es un activo valioso, pero también un síntoma.

En un país donde el crecimiento económico supera el 6%, pero la mitad de los trabajadores sigue sin cobertura social, la sociedad civil no es un lujo democrático, es una necesidad estructural.

El costo de no articular no es abstracto. Cada año que Paraguay no simplifica su burocracia es una empresa que elige instalarse en otro país.

Cada joven que entra al mercado laboral sin formación adecuada es un trabajador que alimenta el 60% de informalidad.

Cada reforma que se diseña en el papel y muere en el escritorio es competitividad que se regala a Uruguay, a Chile, a Colombia.

Los números macro brillan, pero el empresario que no puede contratar porque no encuentra talento calificado, el exportador que pierde días en trámites que debería resolver en horas, el emprendedor que no formaliza porque el sistema lo desincentiva, cuenta una historia diferente. Esas fricciones, acumuladas y silenciosas, erosionan el potencial.

Chile lleva décadas invirtiendo en capital humano. Costa Rica construyó un ecosistema de exportación de servicios de valor. Ninguno lo hizo solo desde el Gobierno: lo hizo con una sociedad civil organizada que empujó, propuso y no aflojó.

La pregunta es si el empuje, la visión y la forma de gestionar de estas organizaciones alcanza para mover la aguja antes de que el ciclo de crecimiento se agote. La ventana de oportunidad existe. El tiempo no sobra y la competencia acecha.