La IA como motor de destrucción creativa: una reflexión sobre su impacto en el mercado laboral paraguayo

A lo largo de la historia, las transiciones productivas han provocado la obsolescencia de determinados perfiles dando paso a nuevas capacidades.
A lo largo de la historia, las transiciones productivas han provocado la obsolescencia de determinados perfiles dando paso a nuevas capacidades.

El mercado laboral comienza a transformarse mediante la automatización de tareas y la redefinición de perfiles profesionales. En Paraguay, la estructura productiva, la legislación laboral y el predominio de las mipymes todavía podrían moderar el impacto de esta transición.

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En estos días de finales del particular invierno paraguayo (37 grados a la sombra), aquí y en el resto del planeta se repite sin cesar un mismo mantra: la inteligencia artificial se está yendo de las manos. A este estado de ánimo e inquietud global se ha llegado por las reiteradas declaraciones de muchos de los grandes referentes de la IA alertando de un inminente cataclismo mundial si no se ponen límites a su desarrollo. A este ruido incesante se han unido la reciente Asamblea General de la ONU y la posterior cumbre entre China y Estados Unidos, donde el tema ha estado presente permanentemente. Los acuerdos a los que hayan llegado (o no) Xi Jinping y Donald Trump sobre la regulación de la IA son, hasta ahora, desconocidos.

Vivimos un momento trascendental de la historia, uno de esos puntos de inflexión que dan paso a nuevas eras. La velocidad de innovación nos ha colocado a las puertas de alcanzar el viejo anhelo de Turing (1950) o Hassabis (2023): la «inteligencia artificial general» (AGI), un agente superinteligente capaz de procesar todo el conocimiento humano a velocidad exponencial. A partir de ahí se activan las alarmas: ¿este agente ultrapoderoso podrá ser controlado, o precisamente esa superioridad le permitirá deshacerse de nuestro control? La pregunta no tiene respuesta segura, pero aplicando el sentido común, parecería poco probable que si un grupo de homínidos neandertales se hubiera reunido hace 40 mil años para aceptar al Homo sapiens bajo la condición de controlarlo, la vigencia de ese acuerdo hubiera sido corta.

IA y mercado laboral

En cualquier caso, esta incógnita forma parte del terreno de las especulaciones. Sin embargo, donde ya se registran decisiones reales es en el terreno del mercado laboral. El impacto muestra una tendencia bien marcada: el efecto reemplazo, o la sustitución de empleados por algoritmos y modelos de lenguaje capaces de realizar las mismas tareas más rápido, de forma eficiente y económica. Hasta ahora, se ha concentrado en actividades con alto nivel de automatismo sin intervención humana continuada.

Entre los casos con mayor repercusión mediática destacan Chegg (que recortó su plantilla un 45 % tras ser canibalizada por los modelos generativos); SAP y Duolingo (el gigante alemán reestructuró 8.000 puestos y Duolingo prescindió de traductores externos); IBM (congelación de contrataciones y sustitución del 30 % de soporte administrativo y recursos humanos); Amazon (salida de 14.000 empleados corporativos globales y 16.000 posiciones adicionales en mandos medios y administrativos); y Dell, Cisco, Intuit y Oracle, evidenciando que el reemplazo ya no se restringe a ocupaciones manuales. La amplitud de estos movimientos ha instalado el debate sobre el denominado AI-washing, una práctica donde las reestructuraciones por previsiones desfavorables se presentan ante los mercados bajo la narrativa de una modernización algorítmica.

La teoría del reemplazo laboral en el pensamiento económico

A lo largo de la historia, las transiciones productivas han provocado la obsolescencia de determinados perfiles dando paso a nuevas capacidades. Referentes del pensamiento económico (Keynes, Marx, Ricardo, Schumpeter) concluyeron que, en el largo plazo, el resultado no es una destrucción neta de empleo, sino una profunda recomposición. Philippe Aghion, economista francés galardonado con el Premio Nobel de Economía en 2025, ha puesto especial énfasis en la intrahistoria de estos procesos y la inevitable resistencia al cambio de los agentes que dominan el modelo vigente.

En “El poder de la destrucción creativa”, Aghion desgrana casos como la introducción de robots industriales: frente al temor inicial, las fábricas que automatizan tareas rutinarias reducen costos, aumentan su cuota de mercado frente a los competidores tradicionales y acaban incrementando su plantilla neta agregada con perfiles técnicos. Quizá el ejemplo más acabado de resistencia visceral lo protagonizaron los luditas en el siglo XIX, rebelados contra la mecanización mediante el sabotaje directo de los telares mecánicos. Siguiendo la tesis de Aghion, fueron los propios trabajadores amenazados quienes se erigieron como la barrera principal frente al nuevo paradigma.

Análisis del caso paraguayo

Si bien Paraguay arrastra una historia de relativa desconexión —como ocurrió con la crisis financiera de 2008, cuyo decrecimiento del -0,3 % en 2009 no respondió a la crisis internacional sino a la sequía que devastó la zafra agrícola—, la duda actual es si el efecto reemplazo de la IA impactará con fuerza en el país. Para responderlo hay que recordar que el país cuenta con el principal instrumento de resistencia: la legislación laboral paraguaya (Ley 213/1993), cuyo régimen de estabilidad especial tras diez años ininterrumpidos hace inviable en la práctica la desvinculación por reestructuración tecnológica.

En julio de 2025, el BID presentó el índice GENOE en el país, cifrando en 800 mil los empleos expuestos al cambio de paradigma, advirtiendo que podría escalar a un millón y medio en una década. Por su parte, el estudio de la OIT y el Banco Mundial estima que entre el 26% y el 32% de los empleos en América Latina están expuestos a la IA generativa, situando el riesgo de automatización total en una franja moderada de entre el 2% y el 5%, y el potencial de aumentación (complementariedad) entre el 8% y el 14%. Aunque el documento no incluye datos desagregados de Paraguay, el perfil del país encaja en las economías de ingreso medio-alto:

  • Exposición global: 27% - 31%.
  • Riesgo de automatización directa: 2% - 3,5%.
  • Potencial de aumentación: 8% - 13%.

Los sectores de mayor riesgo son la banca, seguros y administración pública (auxiliares de oficina, contabilidad básica y call centers). El perfil demográfico vulnerable son mujeres jóvenes (15 a 34 años), urbanas y con educación media o superior, duplicando la exposición de los varones. Finalmente, la OIT delimita una categoría denominada the big unknown (13% - 19% del empleo) en comercio minorista, hostelería, gestión empresarial y TIC, donde el impacto aún puede derivar en sustitución o complementariedad.

Conclusión

Más allá de las incertidumbres sobre la supervivencia ante la inteligencia artificial general, al aterrizar el análisis en Paraguay emergen conclusiones concretas. La matriz productiva, anclada en el sector primario y la exportación de commodities (soja, maíz, carne), exhibe una resiliencia natural muy superior a las economías de servicios digitalizables. A ello se suman dos diques: la legislación laboral hiperprotectora por antigüedad y un tejido empresarial atomizado en mipymes donde la baja intensidad de capital ralentiza los despidos automatizados.

Como concluyó la OIT, los gobiernos tienen la responsabilidad de formular políticas públicas para proteger el empleo, cerrar brechas digitales y maximizar el potencial transformador de la innovación. No se trata de alentar una resistencia conservadora al estilo de Aghion, sino de evitar una transición desordenada mediante políticas de reconversión educativa. Paraguay no será una excepción: el verdadero desafío radica en convertir a la IA en una palanca de aumentación que potencie sectores rezagados como la educación, salud o investigación, impidiendo que el salto hacia la productividad ensanche las históricas brechas sociales.

*Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales | Universidad Autónoma de Asunción.