El Ing. agrónomo y agrometeorólogo Diego Rodríguez conversó con ABC Rural y analizó el escenario actual, donde la heterogeneidad de la humedad del suelo y las proyecciones de precipitaciones irregulares exigen una gestión agronómica basada en datos y no solo en tendencias históricas.
El comportamiento del clima para el cierre del verano y el inicio del otoño en la región Oriental presenta matices que el productor debe considerar para la ventana de siembra.
Febrero y el desafío de la irregularidad
Los modelos climáticos señalan que febrero será un mes de transiciones complejas. Se esperan distribuciones irregulares de lluvia a nivel nacional. Específicamente, en la zona centro-sur del país, las precipitaciones podrían situarse por debajo de los niveles normales.
Esta escasez relativa, sumada a temperaturas que se mantendrán elevadas, incrementará la evapotranspiración, exigiendo un monitoreo constante del estrés hídrico.
Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy
Marzo, una ventana de oportunidad
A diferencia de febrero, el mes de marzo proyecta condiciones mucho más favorables. Se prevé que las lluvias se estabilicen dentro de los rangos normales. Esto permitirá una recarga adecuada de la humedad en el perfil del suelo en amplias regiones, facilitando la implantación y el desarrollo inicial de los rubros de zafriña.
Abril y el inicio del otoño
Para abril, las señales vuelven a ser de alerta, con proyecciones de lluvias por debajo de los rangos habituales en la totalidad de los departamentos. No obstante, el inicio del otoño, en términos generales, se perfila con un escenario climatológico favorable, gracias a temperaturas más moderadas y perfiles de humedad que deben ser suficientes si se aprovechan las lluvias de marzo.

Radiografía de suelos
La situación de la humedad del suelo es actualmente muy heterogénea a lo largo del país. En la región Oriental las lluvias de las últimas semanas han permitido recomponer parcialmente los perfiles superficiales, generando condiciones aceptables para el inicio de la siembra en varios departamentos.
Persisten sectores con déficits hídricos, especialmente donde las lluvias fueron irregulares. El centro-norte (Caaguazú, San Pedro y sectores de Canindeyú y Amambay) requiere atención especial debido a sus suelos de textura arenosa, que tienen menor capacidad de retención de agua.
Rompiendo tendencias tradicionales, los modelos actuales proyectan que en el Chaco podrían seguir registrándose niveles de lluvia importantes en los próximos meses. Aunque sigue siendo una zona seca por naturaleza, este aporte hídrico representa una variación positiva respecto a los años anteriores.
¿En qué herramientas confiar?
En un escenario de alta variabilidad, la pregunta del productor es: ¿A qué información debe dar prioridad? Rodríguez destaca que no todos los pronósticos tienen la misma utilidad práctica y que hay jerarquía de los pronósticos
Mediano plazo (30 días): Son los más confiables para la planificación operativa. Ideales para decidir fechas exactas de siembra y manejo de aplicaciones.
Estacionales (90 días): Útiles para evaluar tendencias regionales, identificar riesgos de sequía extrema y planificar la logística de cosecha o sistemas de riego.
Estaciones meteorológicas propias
El uso de estaciones automáticas en las estancias es una herramienta clave, pero su valor depende de la gestión. La pregunta es: ¿inversión o gasto?
Las estaciones de bajo costo ofrecen registros aceptables, pero tienen una vida útil limitada y suelen requerir reemplazo completo ante fallas. Mientras las estaciones profesionales brindan mayor precisión y durabilidad, aunque requieren personal capacitado para su mantenimiento.
El verdadero valor de estos equipos no es el dato aislado, sino su integración en sistemas de monitoreo local que permiten generar alertas tempranas.
“La articulación entre monitoreo, datos históricos, pronósticos climáticos y sistemas de alertas tempranas permite avanzar desde una agricultura reactiva hacia una agricultura preventiva y estratégicamente planificada”, sostiene Rodríguez.
Hacia el Datumpy
El principal desafío hoy no es la falta de datos, sino cómo interpretarlos. Bajo esta premisa surge Datumpy, una iniciativa liderada por profesionales de la ingeniería que busca integrar informes satelitales, estaciones automáticas y análisis histórico en información útil para el campo.
Estas herramientas no eliminan el riesgo, pero son el seguro más barato para reducir pérdidas y mejorar la toma de decisiones en el lote.
Recomendación para el productor
Aprovechar la ventana de humedad proyectada para marzo, manteniendo un monitoreo estricto de los pronósticos de corto plazo para ajustar las estrategias ante las variaciones locales que un verano cálido e irregular suele presentar.
Mapa de humedad y suelos
Zona Centro-Norte (Caaguazú, San Pedro, Canindeyú, Amambay): suelos mayoritariamente de textura arenosa. Requieren seguimiento cercano por baja retención de agua.
Región Oriental (general): humedad muy heterogénea. Perfiles superficiales en recomposición parcial.
Región Occidental (Chaco): se proyecta continuidad de lluvias importantes, variando la tendencia seca tradicional.
Guía para la toma de decisiones
Para una gestión eficiente del riesgo, Diego Rodríguez recomienda categorizar las herramientas según el tiempo:
A. Planificación operativa (1 mes)
Herramienta: pronósticos de mediano plazo.
Uso: identificar tendencias de lluvia y temperatura para planificar siembra y aplicaciones.
B. Planificación estratégica (3 meses)
Herramienta: predicciones estacionales.
Uso: evaluación de riesgos regionales, alertas tempranas y logística de cosecha.
C. Monitoreo tiempo real
Herramienta: estaciones meteorológicas profesionales e integración de datos (Datumpy).
Valor: el verdadero éxito reside en la integración de datos (satélites + estaciones + historial) para pasar de una agricultura reactiva a una preventiva.
