La exportación se realizó hacia Estados Unidos, donde la pasta de ají paraguayo será utilizada por la reconocida marca Tabasco, considerada una de las más importantes del mundo en su rubro. El desafío principal fue resolver la dificultad logística que implica exportar el producto fresco, ya que el ají es altamente perecedero y no soporta largos trayectos de transporte.
Por ello, la solución fue procesarlo el mismo día de la cosecha en una planta industrial instalada junto a la cooperativa productora. De esta manera, el ají se transforma en pasta, lo que permite extender su vida útil hasta tres años y facilitar su exportación a mercados lejanos.
Un impulso económico para la agricultura familiar
Más allá del impacto comercial, el proyecto tiene un fuerte componente social. De acuerdo con datos del Ministerio de Industria y Comercio (MIC), este cultivo no tradicional genera aproximadamente 90 millones de guaraníes por hectárea para la agricultura familiar campesina.
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Esto significa que familias que disponen de dos o tres hectáreas pueden pasar de producir cultivos tradicionales, como la mandioca, a obtener ingresos equivalentes a entre cuatro y cinco salarios mínimos mensuales. Según las autoridades, el programa ya ha permitido que alrededor de 700 familias salgan de la pobreza gracias a esta nueva alternativa productiva.
La iniciativa comenzó a gestarse tras un encuentro internacional. Durante una misión comercial en Corea del Sur, representantes paraguayos conocieron a brokers ecuatorianos vinculados a la cadena de suministro del ají Tabasco. A partir de ese contacto se inició un proceso de cooperación técnica que incluyó capacitaciones para productores locales.
Estas capacitaciones se llevaron a cabo en la Cooperativa Agro Norte, ubicada en el distrito de Guayaibí, en el departamento de San Pedro. Allí, los agricultores comenzaron a especializarse en la siembra y cosecha de la variedad de ají requerida por el mercado internacional.
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Condiciones naturales y potencial de crecimiento
Rolando Chávez Genes, gerente general de la cooperativa Agro Norte, explicó que la zona reúne condiciones naturales que favorecen el desarrollo de este cultivo. El clima, la disponibilidad de agua y la experiencia de la mano de obra agrícola permiten obtener rendimientos competitivos frente a otros países productores.

Actualmente, la superficie cultivada alcanza unas 30 hectáreas, pero el objetivo es expandir la producción hasta 400 hectáreas en los próximos meses. Para este año, la cooperativa proyecta enviar unas 200 toneladas de pasta de ají, con un valor estimado de 300.000 dólares. A mediano plazo, la meta es alcanzar las 1.000 toneladas exportadas anualmente.
El impacto también se refleja en el empleo rural. La producción de ají requiere aproximadamente 10 trabajadores por hectárea, lo que hoy representa cerca de 300 empleos directos. Si se concreta la expansión prevista, la generación de trabajo podría llegar a entre 2.500 y 3.000 personas, transformando la economía local y abriendo nuevas oportunidades para las comunidades del norte del país.
Estándares internacionales y apoyo institucional
Ingresar al mercado estadounidense exige cumplir con estrictos controles sanitarios y de calidad. La pasta de ají producida en Paraguay logró superar los requisitos establecidos por la FDA, lo que confirma que el producto cumple con los estándares internacionales necesarios para su comercialización.

Este avance fue posible gracias al trabajo coordinado entre el sector público y privado. La iniciativa contó con el acompañamiento de instituciones como Rediex, Senave, el Instituto Paraguayo de Tecnología Agraria (IPTA) y el Banco Nacional de Fomento (BNF), que apoyaron tanto en asistencia técnica como en financiamiento para sistemas de riego y la instalación de la planta procesadora.
Según Chávez, este respaldo fue clave para hacer viable el proyecto. Sin acceso al financiamiento y a la tecnología adecuada, el salto hacia la exportación habría sido mucho más difícil para los productores.
El proyecto no se limita a la exportación inicial. Actualmente se están certificando parcelas como orgánicas, lo que permitiría comercializar pasta de ají orgánica en mercados internacionales con mayor valor agregado.
