La lechería paraguaya apunta a los US$1.000 millones

La lechería paraguaya apunta al billón de dólares
La lechería paraguaya apunta al billón de dólaresGentileza

La cadena láctea mueve hoy US$ 600 millones al año y tiene todo para cruzar la barrera de los US$ 1.000 millones en menos de cinco años. Producción, tecnología, mercados externos y un plan estratégico en línea de largada marcan el camino. Pero hay cuentas pendientes: Paraguay importa US$ 30 millones en quesos duros que podrían ser Made in Paraguay.

Novecientos millones de litros de leche al año. Ese es el volumen que hoy produce Paraguay, un número que puede sonar modesto frente a las potencias regionales, pero que esconde una cadena de valor en plena ebullición.

El movimiento económico total, sumando mercado interno y exportaciones, ronda los US$ 600 millones, y los que conocen el sector desde adentro no dudan: con las condiciones dadas, esa cifra puede crecer entre un 12 y un 15 por ciento en los próximos cinco años.

“Si hablamos de crecimiento, nuestro país tiene capacidad de triplicar su producción”, dice Javier González, vicepresidente de la Cámara Paraguaya de Industriales Lácteos (Capainlac). La afirmación no es retórica. González cita un dato concreto: aplicar semen sexado en vacas lecheras a escala ya sería suficiente para multiplicar los números. Y eso sin contar el potencial virgen de departamentos como Caaguazú, Concepción, Ñeembucú, Itapúa o San Pedro.

Todos con el mismo norte

El punto de inflexión de la cadena láctea se puede fechar con precisión: 2015. Ese año nació la Comisión Interinstitucional de Competitividad Láctea (Cicla), el mecanismo que logró sentar en la misma mesa a productores, industriales, cooperativas y organismos públicos.

“Si queremos hacer algo, debemos ir todos juntos, no queda otra opción”, resume González. Desde entonces, la hoja de ruta del sector dejó de ser una suma de agendas individuales para convertirse en una estrategia coordinada, con lineamientos de desarrollo trazados en conjunto entre el sector privado y el Estado.

Hoy ese trabajo tiene nombre: el Plan Estratégico de la Cadena Láctea del Paraguay. Un instrumento de planificación integral que orienta políticas, inversiones y acciones de todos los actores del rubro, desde el productor hasta el consumidor, pasando por la academia y los organismos de cooperación. El plan está en su recta final de aprobación. Cuando se firme, el sector tendrá su primer mapa de ruta formal hacia un modelo resiliente, competitivo y sostenible.

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La leche ya no es solo calcio

Hubo un momento en que vender leche era vender calcio. Punto. La industria entendió que ese relato quedó corto y dio el giro: hoy el producto se posiciona como fuente de proteína de alto valor biológico, un concepto que resuena en consumidores cada vez más atentos a la composición nutricional de lo que comen.

El yogur griego es el ejemplo más visible de esa transformación. “Es un producto que no tiene clase social”, apunta González. Está en las góndolas de los supermercados de barrio y en las cadenas premium. La industria lo adoptó en masa y ese movimiento habla de un sector que aprendió a leer la demanda y a adaptarse.

En paralelo, las inversiones en tecnología de proceso avanzan de forma silenciosa pero sostenida. González lo confirma sin entrar en detalles de empresa: hay plantas apostando a renovación tecnológica para ser más eficientes, otras ampliando su capacidad instalada. El caso más notorio en términos de innovación lo protagonizó La Holanda, que incorporó un equipo de secado de suero de leche, tecnología que convierte un subproducto descartado en proteína concentrada de calidad exportable.

Leche en polvo: el producto que cambió la historia exportadora

Si hay un antes y un después en la historia exportadora del sector lácteo paraguayo, ese hito tiene nombre: leche en polvo. Hoy representa el 50% de los productos lácteos con valor agregado que el país coloca en el exterior, y el destino principal es Brasil, que absorbe el 90% de los envíos.

El dato de posicionamiento es elocuente: en el ranking de proveedores lácteos para el mercado brasileño, Paraguay se ubica inmediatamente detrás de Argentina y Uruguay. “Nos estamos codeando con grandes productores y no es poca cosa”, subraya González.

¿Hay espacio para una nueva planta de leche en polvo? González es realista: para instalar una planta de esa naturaleza se necesitan unos 200.000 litros de leche diarios. “Lo vemos todavía lejano”, reconoce. Primero hay que seguir creciendo en volumen de producción. El camino está trazado, pero requiere tiempo.

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Taiwán, la puerta a Asia

Uno de los movimientos más estratégicos en la agenda exportadora láctea es la apertura del mercado taiwanés. Para González, el valor de este destino va más allá del volumen: “Es uno de los mercados que mejor puede pagar por nuestro producto”, destaca.

La apertura a Taiwán abre además una ventana más amplia: el potencial de penetración en otros mercados asiáticos. El vector diplomático, las sólidas relaciones bilaterales entre Paraguay y Taiwán, es un activo que el sector sabe que debe capitalizar.

Pero González también advierte contra la tentación de apostar todo a un solo destino: “Sería un grave error depender de un solo mercado”. Brasil seguirá siendo el ancla, y las relaciones comerciales ya consolidadas con otros compradores no se deben descuidar. La diversificación es la clave de la resiliencia exportadora.

El ojo puesto en Argentina

Hay un factor externo que el sector monitorea con atención: la transformación de la lechería argentina desde que asumió Javier Milei. El vecino produjo más leche con menos tambos, ganó eficiencia y reorganizó su cadena.

“Si bien esto representa un ejemplo a seguir, tampoco debemos dejar de observarlo porque de una u otra forma somos países productores de leche y competimos por mercados”, razona González. La conclusión es estratégica: Paraguay no puede competir en volumen con Argentina, pero sí puede hacerlo en calidad y precio. Esa es la diferenciación que vale.

40.000 personas detrás del litro de leche

La cadena láctea no es solo una ecuación de litros y dólares. Detrás de cada eslabón hay personas. González estima que unas 10.000 trabajan de forma directa en el sector, aunque reconoce que la cifra es conservadora, porque actividades como la agricultura y la sanidad animal también dependen de la lechería. El impacto total llegaría a unas 40.000 personas, sumando transporte, proveedores de insumos y servicios conexos.

Para que ese número crezca, hacen falta tres condiciones que González identifica sin rodeos: más crédito para la producción; mayor acceso a tecnología, en reproducción, genética e instalaciones; y asistencia técnica real para los pequeños productores y los que recién empiezan. “Si no se los guía, no pueden crecer”, dice. El camino al billón de dólares está abierto. Depende de cuántos decidan recorrerlo juntos.

La lechería paraguaya apunta al billón de dólares
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El queso duro, la asignatura pendiente

Hay un número que incomoda al sector y que González no esquiva. En 2025, Paraguay exportó productos lácteos por US$ 62 millones. Pero al mismo tiempo importó US$ 35 millones, US$ 30 millones correspondieron a quesos duros, el tipo de producto que el país todavía no fabrica a escala industrial, y casi US$ 5 millones en leche condensada.

La paradoja es clara: Paraguay vende lácteos al mundo pero le compra a sus vecinos la variedad de queso de mayor valor. “Hay un potencial que se podría aprovechar en este sentido, si nuestro país apuesta más fuerte a este rubro”, señala González.

En el otro extremo del espectro quesero, el queso Paraguay vive una revalorización que nadie anticipó con tanta fuerza. Las industrias lo retomaron con seriedad, lo incorporaron a sus líneas de producción y hoy ya no carga el estigma de producto de segunda categoría. La marca-país del queso nacional empieza a construirse. En la próxima entrega de ABC Rural abordaremos el potencial de la industria del queso.