El espejismo del dólar asfixia al productor

El espejismo del dólar asfixia al productor
El espejismo del dólar asfixia al productorArchivo, ABC Color

Un tipo de cambio menos favorable, combustibles y fertilizantes más caros y una estructura de costos que no cede: la ecuación que hoy exprime los márgenes del agro paraguayo, según el economista Humberto Colmán.

Cinco de la mañana y el productor revisa dos cosas: el clima y la cotización del dólar. Es la rutina de quien sabe que buena parte de sus ingresos y de sus costos fluctúa todos los días en la pantalla del celular. Petróleo, fertilizantes y fletes suben; el dólar, mientras tanto, no siempre acompaña. Y ahí, en esa brecha, se manejan los márgenes de la próxima campaña.

El combo mix no da tregua

“El sector agropecuario tiene una alta exposición al dólar, tanto por el lado de los ingresos como por el de los costos. Pero el efecto del tipo de cambio puede variar según cada productor y cada actividad”, explica Humberto Colmán, economista jefe de la Fundación Desarrollo en Democracia (Dende), exviceministro de Economía y exmiembro del Directorio del Banco Central del Paraguay.

Colmán identifica tres frentes que aprietan al mismo tiempo: el comportamiento del tipo de cambio, los precios internacionales de los insumos y la evolución de los costos domésticos. Ninguno actúa solo; se combinan y se potencian según el momento del ciclo productivo en que golpean.

El más urgente hoy, dice, es el segundo frente: la suba de precios del petróleo, los combustibles y los fertilizantes ya elevó los costos operativos y redujo el margen disponible en el campo. Son insumos que no se sustituyen de un día para otro, y su encarecimiento se traslada casi de inmediato al bolsillo del productor.

Rentabilidad en la cuerda floja

La cuenta es simple y despiadada: rentabilidad es lo que queda entre lo que se vende y lo que cuesta producir. Cuando fertilizantes, combustibles y logística encarecen al mismo tiempo, el resto se angosta.

“Cuando los costos suben más rápido que los ingresos, los márgenes se reducen. Esto obliga a tomar decisiones más cuidadosas, especialmente en materia de inversión y financiamiento”, advierte.

El golpe no pega igual para todos. Según Colmán, los productores de menor escala y quienes todavía arrastran compromisos financieros de campañas anteriores sienten con mayor fuerza la presión, simplemente porque tienen menos espalda para absorber el aumento de costos. Son justamente los que menos margen de maniobra tienen para esperar un mejor precio o renegociar un crédito.

El espejismo del dólar bajo

Hay una intuición extendida en el campo: si el dólar baja, la maquinaria importada se abarata y conviene invertir. Colmán la matiza. Un dólar más bajo también reduce lo que el productor recibe en guaraníes por su cosecha, un golpe directo para un sector con vocación exportadora como la agricultura paraguaya.

“Si bien un dólar más bajo puede abaratar algunos bienes importados, el productor hoy enfrenta una estructura de costos más pesada. Por eso los márgenes no necesariamente mejoran y muchas inversiones pueden quedar postergadas”, afirma.

En otros años, ese mismo escenario cambiario hubiera destrabado compras de maquinaria y tecnología. Hoy no alcanza, porque los costos generales de producción siguen elevados y la ecuación completa no cierra igual.

Anticiparse y no improvisar

Frente a la incertidumbre, Colmán insiste en que la actividad agrícola necesita previsibilidad: las decisiones que se toman al inicio de la campaña –qué sembrar, cuándo comprar insumos, cuánto financiar– definen buena parte del resultado final.

Su primera recomendación es anticiparse. Comprar insumos cuando el mercado ofrece precios favorables, en lugar de esperar al pico de la demanda, puede marcar la diferencia entre un margen ajustado y uno sostenible.

La segunda pasa por la deuda. “Es importante que los productores manejen cuidadosamente sus niveles de deuda y evalúen sus compromisos financieros antes de asumir nuevos riesgos”, indica, en un contexto donde las tasas de interés también pesan sobre el resultado del negocio.

Cubrirse del vaivén cambiario

La tercera herramienta que menciona Colmán apunta directamente al origen del problema: el tipo de cambio. Los contratos forward de divisas permiten fijar hoy una cotización para una operación futura, blindando al productor de sorpresas cambiarias y devolviéndole algo escaso en este negocio: previsibilidad.

Con ese resguardo, sostiene, el productor puede concentrar su energía en lo que realmente puede controlar –el manejo del cultivo, los rendimientos, la eficiencia– y no en adivinar hacia dónde se moverá el dólar la semana próxima.

“En un escenario donde los mercados muestran una alta volatilidad, la gestión del riesgo se vuelve cada vez más importante para sostener la competitividad y la rentabilidad del sector agropecuario”, resume Colmán.

El desafío que viene

El agro paraguayo enfrenta una combinación poco habitual: costos elevados, márgenes ajustados y un dólar que no termina de jugar a favor de nadie. En ese tablero, la planificación financiera deja de ser un detalle de gestión y se convierte en la diferencia entre resistir la campaña o quedar expuesto a ella.