La rentabilidad se pierde antes del ordeño

La rentabilidad se pierde antes del ordeño
La rentabilidad se pierde antes del ordeñoGentileza

El sector lechero paraguayo mira siempre hacia el mismo horizonte: más vacas, más litros, más plantas. Pero el próximo gran salto económico podría no estar ahí. Según Dalton Bronkhorst, encargado del Departamento Agropecuario de Lácteos La Fortuna, la nutrición ya representa el 40% de la facturación de un tambo, y los costos operativos otro 25%. La eficiencia es la variable que define quién gana y quién pierde margen.

En un tambo no se juega la rentabilidad. Se la juega semanas antes, en decisiones que muchas veces pasan desapercibidas.

“Observamos que todavía existen importantes oportunidades de mejora dentro de los establecimientos lecheros, muchas de ellas capaces de generar un impacto económico mayor que cualquier expansión del rodeo”, señala Bronkhorst.

Todo empieza en la semilla

La planificación alimentaria arranca con la elección del híbrido para forraje. Y ahí surge el primer error frecuente: elegir solo por precio.

“En ocasiones se prioriza únicamente el precio, dejando de lado híbridos con mejor potencial productivo y nutricional”, explica el especialista.

Pero el buen material genético tampoco garantiza nada si el manejo falla después. Silos mal conservados, fermentaciones inestables, pérdidas en los bordes, carpas de baja calidad: cada detalle le resta materia seca y energía a la dieta final.

A eso se suman raciones formuladas sin seguimiento técnico, que golpean directamente la persistencia de la lactancia.

El costo que define el negocio

La alimentación de las vacas en producción supera, en muchos tambos, el 50% de los ingresos, sin que exista un análisis real de conversión alimenticia. Para Bronkhorst, este es uno de los indicadores más determinantes del negocio. “Un sistema bien gestionado debería mantener este costo por debajo del 40% de la facturación”, afirma.

Los costos operativos completan el cuadro financiero. En numerosos establecimientos superan el 30% de los ingresos, presionados además por créditos de corto plazo y tasas elevadas.

La referencia, según el especialista, es clara: operativos por debajo del 25%, y mano de obra más retiro del propietario sin superar el 11%. “No es un concepto exclusivo de la lechería, sino un principio básico de gestión empresarial”, sostiene. “Con indicadores ordenados, el financiamiento puede transformarse en una herramienta para crecer”.

La recría, el costo que no se ve

Uno de los cuellos de botella persistentes es la recría. Muchas terneras no logran duplicar su peso a los 60 días de vida, lo que retrasa la edad al primer parto y estira el período improductivo del animal.

Cada día de más antes de entrar a producción es alimento consumido, infraestructura ocupada y capital inmovilizado. La recría, insiste Bronkhorst, debe leerse como inversión estratégica, no como un gasto menor.

Reproducción: la campaña que se pierde

En numerosos sistemas, la tasa de preñez todavía está por debajo del 20%. El mecanismo es simple: la vaca produce leche porque parió, y desde ese momento su curva entra en ascenso, pico y descenso.

El desafío productivo es lograr la siguiente preñez antes de que la curva caiga y golpee la rentabilidad. Mantener tasas por encima del 30% permite un flujo más estable, sin esperar una campaña entera para corregir errores reproductivos.

Calidad de leche: la ubre también factura

Existe la idea de que la calidad es un problema exclusivamente industrial. Los números dicen otra cosa.

Con un Recuento de Células Somáticas (RCS) de entre 200.000 y 300.000 células por mililitro, ya se registran pérdidas productivas de 3% a 5%. Por encima de las 500.000 células, la caída puede llegar al 10-20%, más aún en rodeos con alta prevalencia de mastitis clínica.

“El productor no solamente recibe menos por calidad, sino que también produce menos leche”, advierte Bronkhorst. Parte del margen esperado se pierde ahí, en problemas sanitarios que nadie ve a simple vista.

El error de la dieta “rápida”

Las raciones con exceso de almidón y poca fibra efectiva pueden mostrar resultados en el corto plazo, pero terminan pasando factura: inestabilidad durante el año y menor rendimiento en sólidos.

Y la industria láctea no se paga con litros, sino con grasa, proteína y rendimiento industrial. Forrajes de calidad, mezclas homogéneas en el comedero y raciones equilibradas son, para Bronkhorst, la base de una lactancia más estable y persistente.

La cuenta final

El mensaje de fondo es contundente: el próximo billón de dólares de la lechería paraguaya no vendrá de sumar vacas al sistema, sino de reducir las pérdidas que hoy siguen limitando la productividad y la competitividad del sector.