Durante años, buena parte del maíz paraguayo se fue por el puerto. Hoy, cada vez más camiones descargan en otro destino: las plantas de etanol y las fábricas de raciones que alimentan a pollos y cerdos.
El desafío, según Hugo Pastore, director ejecutivo de la Cámara Paraguaya de Exportadores y Comercializadores de Cereales y Oleaginosas (Capeco), es que la oferta acompañe el crecimiento de la demanda industrial.
Seis plantas y más
Según Pastore, hoy operan al menos seis plantas que producen etanol a partir de maíz. Algunas combinan el cereal con caña de azúcar; otras trabajan solo con maíz.
A ellas se suman nuevas industrias en construcción. Las plantas se reparten entre San Pedro, Canindeyú, Paraguarí, Caaguazú, Alto Paraná e Itapúa.
Capeco estima un consumo interno de unos 3 millones de toneladas de maíz por año, alrededor del 50% de la cosecha de las dos últimas campañas. El etanol es el principal destino, seguido por la producción de raciones.
La meta es 10 millones de toneladas
Para Pastore, Paraguay debe apuntar en una primera etapa a producir 10 millones de toneladas de maíz por año.
El maíz zafriña ocupa hoy cerca de 1 millón de hectáreas, dentro de un sistema que incluye unos 3,5 millones de hectáreas de soja, alrededor de 600.000 de soja zafriña y entre 300.000 y 400.000 de trigo.
Según el titular de Capeco, todavía es posible incorporar hasta 1,5 millones de hectáreas adicionales, con el maíz zafriña como principal candidato a crecer.

Una ventana corta
La expansión depende de la genética adaptada a las condiciones locales y del calendario. La siembra de zafriña arranca con la cosecha de soja, generalmente a principios de enero, y su período ideal se extiende hasta fines de febrero. Las siembras de marzo quedan más expuestas a las heladas de junio y julio.
No hay desperdicio
La industrialización permite aprovechar el grano completo. Por cada tonelada de maíz procesada se obtienen entre 380 y 420 litros de etanol y unos 350 kilos de burlanda, conocida internacionalmente como DDGS.
La burlanda, destinada a nutrición animal, gana peso en el mercado interno y en la exportación. Con más de 2,5 millones de toneladas de maíz industrializadas, el volumen ya es significativo.
El proceso también genera aceite de maíz, aunque en menor proporción: entre 1% y 3% por tonelada. Sirve para consumo humano, como insumo agrícola o para biodiésel.
Excedentes que buscan mercado
Hoy, el etanol se destina principalmente a la mezcla con naftas. Pero la mayor capacidad industrial ya genera excedentes exportables.
El mercado internacional ofrece oportunidades, aunque con barreras de acceso en algunos destinos. En el acuerdo Mercosur-Unión Europea existe una cuota con aranceles diferenciados para productos como el etanol, pero el reparto de esa cuota entre los socios sigue pendiente.
Brasil, rival y cliente
Brasil ocupa un lugar central en este tablero. El país tiene una larga trayectoria en etanol de caña y en los últimos años expandió con fuerza la producción a partir de maíz.
Para Paraguay, ese crecimiento representa a la vez competencia y oportunidad de mercado, por la cercanía geográfica, aunque exige mejorar la infraestructura de conexión.
Maíz que se convierte en carne
Para Pastore, la industrialización del maíz va más allá de los biocombustibles. Forma parte de una estrategia de valor agregado que incluye transformar granos en proteína animal: el maíz aporta la energía y la soja la proteína para producir carne de pollo y cerdo.
Esa cadena moviliza inversiones, empleo, granjas, frigoríficos y logística, y ya atrae capitales nacionales y extranjeros.
Rumbo a los 20 millones
A largo plazo, Pastore plantea que Paraguay podría superar los 20 millones de toneladas de maíz en un horizonte de 10 a 15 años.
Para lograrlo, el complejo soja-maíz-trigo debería crecer hasta unos 5 millones de hectáreas, con nuevas superficies y nuevos productores integrados a las cadenas.
Ese salto, sostiene, requiere transferencia de tecnología, acceso al financiamiento, infraestructura y una logística capaz de mover más volumen.
El cuello de botella está en tierra
El país ya cuenta con una base sólida de silos, puertos y barcazas, preparada para manejar unos 15 millones de toneladas de soja y 10 millones de maíz.
El desafío está en la salida terrestre hacia Brasil y en la agilidad de los trámites aduaneros. Por eso, la habilitación del Puente de la Integración cobra especial relevancia: facilita el acceso al mercado brasileño y complementa la logística portuaria y de la hidrovía. La demanda está instalada y el campo paraguayo tiene que producir.
