Maniqueísmo

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Se reunieron días pasados, en Coronel Bogado, Miguel Carrizosa, Blas Llano, Norman Harrison y algunos de sus posibles candidatos municipales y presidenciales, en la búsqueda de conformar un frente electoral.

Sebastián Villarejo, quien asistió también al evento como posible candidato presidencial, explicó que no les interesa participar de ninguna alianza con Efraín Alegre “porque rechazan el maniqueísmo” implícito en el discurso “la Patria o la mafia” que esgrime sin tregua el presidente de los liberales.

“Maniqueísmo”, precisa el diccionario de la Real Academia, es una calificación peyorativa aplicada a quienes buscan “reducir la realidad a una oposición radical entre lo bueno y lo malo”.

Creo que nadie discute que la realidad es compleja, no en el sentido de ser difícil de entender, sino en el de que incluye la interacción de elementos demasiado numerosos.

Yo, al menos, jamás le escuché a Efraín Alegre negar esa complejidad de la realidad. En la vida política hay que construir, como reconoció el propio Sebastián que están intentando los mencionados al principio, alianzas y frentes para cubrir ellos, por ejemplo, las vacancias que se vienen en la Fiscalía General, en la Contraloría General, dos en la Corte Suprema y dos en el Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE).

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Y seguramente también para lograr objetivos en Itaipú, Yacyretá, Obras Públicas y demás generadores financieros de nuestro país que tanto interesan a los políticos.

Y, sin embargo, toda esa complejidad está permeada por la respuesta a una pregunta muy simple: ¿Para qué quieren lugares en la Fiscalía, la Contraloría, la Corte Suprema, el TSJE, Itaipú, Yacyretá u Obras Públicas?

Si quieren todos esos espacios para lo mismo que Horacio Cartes, para garantizar la impunidad de sus negocios y de sus operadores, es evidente que los quieren para hacer el mal. Y si los quieren para lo contrario, es evidente que los quieren para hacer el bien.

Me cuesta creer que Sebastián pretenda convencer al país de que no es conveniente elegir entre el bien y el mal. Me preocupa que intente hacer creer que puede construir con aliados de Cartes algo que sea diferente a lo que Cartes ha construido. No hay elemento alguno en la conducta constante y uniforme de los aliados de Cartes que permita abrigar ni la más mínima esperanza de que vayan a tomar un camino diferente al que vienen recorriendo con militante satisfacción.

Blas Llano tiene derecho pleno a ser aliado de Cartes, como lo tienen Miguel Carrizosa, y Norman Harrison. Pero la gente tiene derecho a sospechar que los objetivos de los aliados de Cartes no van en dirección al bien, sino precisamente en la contraria.

Porque aunque los sinvergüenzas lo quieran negar u ocultar, sí existe diferencia entre buscar el bien y buscar el mal y, aunque hay muchos matices de gris y la línea parece difusa, ambas cosas son distintas y contrapuestas.

Sí hay una opción radical entre la democracia y el autoritarismo, entre la honestidad y la deshonestidad, entre la Patria y la mafia. Y descalificar o minimizar esta diferencia entre el bien y el mal es ser cómplice del mal.

evp@abc.com.py