Los horizontes del amor

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Frecuentemente se define el amor como un sentimiento. Ciertamente el sentimiento del amor deslumbra. Es incomparable su intensidad, su calidad y belleza. Pero en realidad el amor es mucho más que un sentimiento, lo que se siente es efecto de su naturaleza, que fundamentalmente es “energía”, potencialmente capaz de innumerables fecundidades.

Ya es un tópico citar la carta que Albert Einstein le escribió a su hija Liesert, pero no deja de ser importante recordar la opinión de un genio de la inteligencia, que dice: “Hay una fuerza extremadamente poderosa para la que hasta ahora la ciencia no ha encontrado explicación formal. Es una fuerza que incluye y gobierna a todas las otras e incluso está detrás de cualquier fenómeno que opera en el universo y aún no haya sido identificado por nosotros. Esta fuerza universal es el Amor.

Cuando los científicos buscaban una teoría unificada del universo, olvidaron la más invisible y poderosa de las fuerzas.

El Amor es Luz, dado que ilumina al que lo da y lo recibe. El Amor es gravedad porque hace que unas personas se sientan atraídas por otras. El Amor es potencia, porque multiplica lo mejor que tenemos, y permite que la humanidad no se extinga en su ciego egoísmo. El Amor revela y desvela. Por Amor se vive y se muere. El Amor es Dios y Dios es Amor”.

El amor es una energía expansiva, que rompe los horizontes personales para buscar el tú y los otros que le dan sentido y destino al que ama. Quien ama sale de sí, porque en sí no encuentra su plenitud, la plenitud se alimenta en el encuentro con lo amado.

El amor es polifacético, porque su energía se expande en muchas formas de amar: amor maternal y filial, fraternal y paternal, de amistad y compañerismo, amor de familiares, de enamoramiento, conyugal, de compasión y misericordia, etc.

Y lógicamente es trascendente, se trasciende a sí mismo saliéndose de sí y se proyecta trascendiendo la cultura, el tiempo, el espacio, lo evidente y lo místico.

Estas características esenciales del amor le dan la posibilidad de traspasar sucesivos horizontes.

Naturalmente nuestro primer horizonte de amor fue el horizonte cerrado del vientre de nuestra madre, ella era todo y nuestro único horizonte. Cuando nacimos se nos abrió el horizonte del amor de nuestro padre y sucesivamente de nuestros abuelos, hermanos y todos los horizontes del amor familiar de las familias de nuestros padres. Muy pronto empezó a abrirse el horizonte de amor de los vecinos y los amigos de nuestros padres.

El día que iniciamos el jardín de infancia o la escuela, empezamos a construir personalmente el horizonte del amor de los compañeros y primeros amigos. Y así se fue extendiendo la cadena de nuestros horizontes de amor en la sociedad.

Cuando conocimos a Jesús niño y, sobre todo, cuando hicimos la Primera Comunión se abrió el horizonte místico con los horizontes indescriptibles del amor divino, que empezó a descubrirnos, a pesar de nuestra miopía espiritual, la dimensión y proyección divina en nuestros horizontes de amor, desde el horizonte del amor a uno mismo, el amor al prójimo como a sí mismo, el esperado amor a todos como hermanos por ser hijos de Dios, nuestro Padre.

El potencial y energía de nuestro amor es tan inmenso, que Jesús, nuestro Camino, nos enseña y se ofrece para conducirnos no sólo al amor a todos los hermanos, incluidos los enemigos, sino a que todos “seamos uno” (Jn 17,20ss) y que desde ese horizonte, descubramos y penetremos definitivamente el horizonte de la unión y la unidad en el mismo Dios.

En la vida humana, nada es más importante que el amor, porque la misma vida tiene su origen en el amor y sobre todo porque Dios es amor y el que permanece en el amor, permanece en Dios y Dios permanece en él (1Jn 4,16).

Porque estamos “hechos a imagen y semejanza de Dios”, potencialmente nuestra capacidad de amar es ilimitada, siempre puede crecer más, por eso Jesús tiene la esperanza de que “amemos como Él nos ama”.

El gran desafío para poder cruzar los horizontes del amor hasta el horizonte de Dios es optar por el amor...

jmonterotirado@gmail.com