El narco nuestro de cada día

Quizás sin mucha sorpresa para algunos, quizás como algo ya habitual para otros y de seguro para una gran mayoría pasó desapercibido el operativo realizado por la SENAD, el Ministerio Público y la Policía Nacional que desarticuló una poderosa banda delictiva dedicada al narcotráfico. No fue en la “lejana” Pedro Juan Caballero, ni en Ponta Pora, su gemela brasileña. Sino que “apeté”, en el Departamento de Cordillera, ciudad de Eusebio Ayala hasta este fin de semana conocida por sus deliciosas chipas y por haber sido la cuna de uno de los hombres más ilustres de la nación.

El negocio del narcotráfico que se incluye dentro de lo que llamamos “economía subterránea”, ha sido uno de los sectores donde mayor crecimiento — o quizás “descubrimiento — ha tenido en los últimos años. Desde incautaciones récord de droga que iba al mercado europeo hasta este golpe que se da a escasos kilómetros de la capital y “a la vuelta nomás” de la Ciudad de San  Bernardino, tradicional capital del verano de la sociedad asuncena.

La reflexión válida más allá de levantar el punto sobre este hecho necesario e impostergable, es la capacidad que han tenido los grupos mafiosos de introducirse en las economías locales municipales (generalmente a través de campañas políticas) y en las “paralegales” a través del blanqueo de capitales con fachadas de negocios que con la velocidad y éxito que aparecen, luego se esfuman y quedan en el olvido.

“Ser bandido es estar un paso adelante” decía el icónico rey del narco, Pablo Emilio Escobar. A partir de allí no solo las fuerzas de seguridad sino toda la ciudadanía debemos realizar una reflexión sobre si ese modelo que sabemos en qué termina (ejemplo México de hoy, Colombia de los 90) es el que optamos por vivirlo como sociedad.

Hace 8 años mucha gente me decía que el tamaño de la Economía Subterránea (hoy 45,7% del PIB = 22.000 Millones de U$D) no podría ser tan grande. Muchos de aquellos que me compartían su opinión hace 8 años hoy me dicen que podríamos estar quedándonos cortos.

El problema de la informalidad que empieza con un acto tan “insignificante” como pagar el registro de conducir sin pasar ninguna prueba y avanza hasta llenar un contenedor con droga para destinos tan exclusivos como Amsterdam o Hamburgo, es hoy vista como “una forma normal de vivir” tal y como expresaron algunos entrevistados en la última investigación de economía subterránea llevada a cabo por la Asociación ProDesarrollo Paraguay.

Vivir en la informalidad no es vivir. Es sobrevivir. Y los paraguayos no nos merecemos eso. Y las autoridades están en la obligación de abrir el mercado de créditos y oportunidades de crecimiento removiendo los obstáculos que la burocracia hoy impone sobre todo a los que más necesitan: microemprendedores, microempresas.

O es eso, o es ir conociendo cada semana a nuestro “nuevo narco”… ojalá yo esté equivocado.

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