Resquebrajada

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Tenemos una Patria desdibujada, pisoteada, ultrajada y resquebrajada por el crimen organizado, por las calamidades que ocurren y que no mueve ni siquiera la pestaña a las autoridades nacionales, empezando por el presidente de la República Mario Abdo Benítez. Los últimos acontecimientos así lo demuestran que el país va a la deriva, por falta de decisiones adecuadas como para garantizar la seguridad y traer la anhelada paz social.

El asesinato del fiscal Marcelo Pecci, las denuncias de violaciones a niños, niñas y adolescentes, la serie de irregularidades y la inseguridad comprueban que la corrupción atravesó las instituciones como un eje transversal y que socava los cimientos de la nación.

Lo que hay que entender bien que una Patria no se cimienta sobre el dinero ni el poder y menos aún sobre la corrupción que se volvió institucionalizada.

En toda las edades de la historia se ha demostrado que las civilizaciones se han desintegrado y han terminado ante la crisis de valores.

Cuando el objetivo es tener más dinero y poder en vez del ser, dejando de lado el desarrollo humano, no hay riqueza que valga ni poder político ni social ni económico.

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Entre la espada y la pluma siempre ha triunfado la pluma, entre la fuerza y la razón; el bien y el mal, al final el bien tendrá la victoria, a la luz de la razón, lógicamente.

En el Paraguay, la transición hacia la democracia no tuvo solidez porque los pilares están endebles. Hace falta que funcionen las instituciones, los poderes del Estado: Ejecutivo, Judicial y Legislativo.

Lastimosamente el Ministerio Público no tiene la suficiente sobriedad para enfrentar a los maleantes, y las estructuras de la fuerza pública tampoco responden porque sus filas están amordazadas por la corrupción.

Los políticos prometieron y prometen en cada proceso electoral seguridad, salud y educación. En la práctica ninguna de las promesas se cumplieron; por el contrario la salud está postrada en terapia y la educación menospreciada por la idea mercantilista y apátrida.

La libertad y la democracia son binomios indisolubles e indispensables para la democracia. La seguridad es primordial para el crecimiento y el desarrollo. Tenemos una Patria resquebrajada porque las autoridades no tienen la entereza ni patriotismo y menos aún la valentía para enfrentar al crimen organizado.

rmontiel@abc.com.py