Desarrollo humano y familia

El concepto de desarrollo humano tomó fuerza en la segunda mirad del siglo pasado. Es importante observar que su puesta en el escenario de interés mundial y su promoción surgieron de los economistas y no de los pedagogos, porque se comprendió que sin desarrollo del ser humano, no puede haber desarrollo económico. Actualmente la reflexión sobre el desarrollo humano es mucho más profunda. No es sólo porque se sabe que sin desarrollo humano no hay desarrollo económico, sino que tampoco hay desarrollo social, ni político, ni moral, ni cultural, ni científico, ni tecnológico, ni artístico y menos aún realización y plenitud de la persona y su personalidad.

Lógicamente, la responsabilidad del desarrollo humano ha recaído siempre sobre todo en la familia y complementariamente en los educadores profesionales de las instituciones educativas. Y hablando con precisión hay que reconocer también la responsabilidad de la sociedad y con ella el rol subsidiario del Estado (artículo 75 de la Constitución Nacional), y colaborando las instituciones de educación refleja, como los medios de comunicación social.

Lo que está claro y universalmente reconocido es que sin familia no hay desarrollo humano, porque la familia concentra óptimas condiciones ideales y es la instancia básica, el escenario ideal para la procreación y la capacitación para la vida de los hijos, para el crecimiento y la maduración, con el clima afectivo necesario para el desarrollo integral de la persona y su dignidad. En la educación familiar está la clave del desarrollo humano y el fundamento de la sociedad.

Precisamente educar es eso, proponer, ayudar, acompañar el proceso de despliegue, de desarrollo de las potencialidades en germen de todas las dimensiones esenciales del educando; la dimensión biológica corporal, la psicológica, la social y la espiritual, orientándolas hacia su máxima realización.

Por la trascendencia definitiva de la familia para el desarrollo humano de los hijos, las sociedades sólidamente organizadas le reconocen la primacía y suprema responsabilidad de la educación, el desarrollo y la garantía de los derechos de los niños, adolescentes y jóvenes hasta su mayoría de edad, confiándoles a los padres “el derecho y el deber de dirigir el proceso de la educación de los hijos”, como prescribe en nuestro país el artículo 71 de la Ley Código de la Niñez y Adolescencia.

Por esto, el haber sido excluidas las asociaciones y organizaciones de padres y familias, por parte del Comité Estratégico y los gestores del Plan Nacional de la presunta Transformación Educativa, además de ser una aberración estratégica y un atropello a los derechos de padres y familias, es un error básico que descalifica de raíz y desautoriza por violación de la ley, a dicho Plan Nacional para el futuro de la educación nacional.

El Presidente Horacio Cartes y el Presidente Mario Abdo Benítez, sin consultar con padres y familias del pueblo soberano, nos han comprometido con la Agenda 2030 de la ONU. Esta Agenda lírica y cínicamente pondera el valor de la familia, pero operativamente impone objetivos y estrategias que la destruyen mortalmente.

Mateo Requesens, en una serie de artículos magistrales titulados “Los secretos de la Agenda 2030″ descubre con su análisis del texto de la Agenda y sus fuentes. los “camuflados” y perversos planes y programas de la ideología de género, que promueve “la igualdad de todos los géneros”, la “extinción de la distinción de sexos”, “el derecho al aborto”, la “inducción a los niños

en el pensamiento de dicha ideología” mediante la “invasión cultural y de la educación formal”, y “la destrucción de la familia”, objetivos precisos, que ya propuso a finales del siglo pasado Shulamith Firestone, la famosa feminista radical de “corte marxista”.

La Agenda 2030, titulada oficialmente: “Transformar el mundo: la Agenda 2030 y el Desarrollo Sostenible”, se contradice intrínsecamente, porque no transforma el mundo sino que destruye las familias y las sociedades y no alcanzará desarrollo sostenible, porque al destruir la familia no hay desarrollo humano posible y menos aún, desarrollo sostenible.

Es increíble, que el Presidente Mario Abdo Benítez, que prometió en su campaña electoral y reitera su promesa de defender a la familia, sea un fiel ejecutor y defensor de, la Agenda 2030 y del Plan Nacional de la presunta Transformación Educativa que la secunda.

jmonterotirado@gmail.com

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