Los corruptos no pueden ser profamilia

Una de las banderas que esgrimen ciertos sectores políticos es la de la familia, institución esencial en toda nación. Así, se ha propalado el denominativo “profamilia” como una identificación que suena más a postura romantizada que a respuesta cierta a una realidad bastante cruda. Es dudoso que los políticos sepan cuál es la situación verdadera de las familias, en su gran mayoría, en el Paraguay.

Porque mientras afirman que es necesario actuar “en defensa de la familia”, las actitudes y la conducta de gobernantes y políticos de diferentes raleas son absolutamente opuestas a dicho objetivo, cuya enunciación es una de las tantas expresiones más de la hipocresía que carcome la credibilidad de dichos actores políticos.

Es muy difícil concebir que a ciencia cierta las familias paraguayas les interesen de forma indiscutible a tales políticos más allá de la retórica eleccionaria. Si en verdad les interesaran, estos concentrarían sus afanes en construir un país en el que las familias pudieran desarrollarse integralmente y vivir con dignidad.

El peor flagelo para las familias en el Paraguay es la corrupción de los políticos. Más allá de la situación peculiar de las familias en nuestro país o del comportamiento particular de cada familia y de cada miembro familiar que actúa correcta o incorrectamente, hay factores externos que contribuyen a trastornar a una familia.

Los desbarajustes económicos han propiciado separaciones dolorosas en la familia nuclear, cuando papá o mamá debió emigrar para buscar sostener a los suyos desde fuera con recursos que aquí no encontró. Muchos de esos desajustes se dieron por pésimas políticas que priorizaron el parasitismo partidario antes que la promoción de posibilidades de fuentes genuinas de trabajo

Hay familias desgajadas por la muerte del padre o de la madre a causa de enfermedades que con una salud pública eficiente pudieron ser evitadas o sanadas adecuadamente. El pésimo sistema sanitario con hospitales insuficientes, falta de médicos y con medicamentos inexistentes es fruto de que los rubros para tal efecto fueron a parar a las cuentas particulares de políticos inescrupulosos. Varios de los cuales se hallan en las filas de los pretendidamente profamilia.

No pueden arrogarse el título de profamilia quienes defienden a narcos, a lavadores de activos negros, que destrozan la institucionalidad de la República y promueven indirectamente el sicariato y la muerte que enlutan a familias inocentes.

No pueden arrogarse el título de profamilia quienes salvan de intervenciones a intendentes ladrones y gobernadores sinvergüenzas, que engrosan sus cuentas bancarias con el dinero del Fonacide que debía ser destinado a la construcción de aulas, el mantenimiento de escuelas y colegios y al almuerzo escolar. Robar la comida de los niños es un crimen repugnante. Y hay varios “profamilia” entre esos bandidos, y hay políticos” profamilia” que apañan a estos patéticos personajes.

A diario vemos a corruptos impunes repetir con voz engolada consignas gastadas y manifestarse en favor de “la familia”, mientras roban despóticamente a la patria y a las empobrecidas familias de la patria.

nerifarina@gmail.com

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