El Plan Nacional de Transformación Educativa (PNTE) es un monstruo jurídico, tiene tantas anomalías y desviaciones jurídicas, que produce espanto en quienes lo conocen.
La viceministra de Culto, Zulma Morales, cree que sacando del PNTE tres ejes transversales, la ciudadanía quedará satisfecha y aceptará el monstruo jurídico que ella coordina bajo la autoridad del ministro. Los ciudadanos saben que este monstruo no se arregla con parches y maquillaje.
Ha nacido, como engendro, de un decreto del Presidente de la República, creando un Comité Estratégico, con el que se violan once artículos (92 al 102) de la Ley General de Educación y cuatro (22 al 25) de la Ley Orgánica del MEC, que prescriben que el Consejo Nacional de Educación y Ciencias (CONEC) es el único órgano legalmente competente para proponer reformas y políticas de educación y acompañar su proceso. Crear el Comité por decreto, violando las leyes es una monstruosidad jurídica antidemocrática.
El Gobierno ha desobedecido dos leyes dejando vacante al CONEC y ha creado por decreto su Comité Estratégico “ilegal”. Y, por tanto, el PNTE, producido bajo la presunta autoridad del Comité, es también ilegal: un monstruo jurídico.
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La monstruosidad se acrecienta, porque el PNTE destruye el ordenamiento jurídico, violando doce artículos de la Constitución y más de treinta de varias leyes, como he demostrado en artículos anteriores, no refutados.
El PNTE destruye la soberanía de la nación, plagiando planes y programas extranjeros, que someten la educación nacional a la aprobación de autoridades extranjeras, como se evidencia en las leyes 6659 y 6650 y sus respectivos anexos. No tiene en cuenta nuestra historia, raíces, principios y valores.
Este Plan se ha elaborado sin la participación de las comunidades educativas de las distintas instituciones educativas, contraviniendo el artículo 76 de la CN, que ordena que el Estado tiene la responsabilidad esencial de organizar el sistema educativo “con la participación de las comunidades educativas”. Estas comunidades debieron ser creadas, al menos, al iniciar los planes para la transformación de la educación, de acuerdo a lo ordenado en ocho artículos de la LGE, que definen su naturaleza, composición, responsabilidades y atribuciones.
Al prescindir de ellas, además de violar la Constitución y la ley, se elimina una pieza clave de la democracia, y jurídicamente se invalida todo el Plan, porque las Comunidades deben ser consultadas permanentemente también para definir las políticas educativas del Estado, por mandato explícito de la misma ley.
¿De qué nos sirve que la viceministra nos diga que se sacarán tres ejes transversales, si el Presidente de la República ha reiterado en la OEA que las puertas de Paraguay están abiertas a la Agenda 2030, que es la más poderosa plataforma para imponernos la ideología de género? Evidente contradicción que consolida la desconfianza e incredulidad de los ciudadanos al palabrerío de las autoridades.
Con lo dicho, sobran evidencias para reconocer que el PNTE atropella la ética cívica y la moral cristiana, una desviación más extremadamente grave y escandalosa, sobre todo por ser plan nacional de “educación”.
La señora viceministra debe saber que el rechazo del PNTE no es solamente porque no se aceptan tres ejes transversales del mismo, sino porque ningún ciudadano con un mínimo de ética cívica puede aceptar un plan monstruoso que viola la Constitución y las leyes, y obliga a los ciudadanos a violarlas.
Es importante que las máximas autoridades educativas comprendan que el MEC y los gestores del PNTE no tienen autoridad moral y los ciudadanos no los ven capaces de hacer lo que Paraguay necesita para salir del subdesarrollo y la corrupción que nos han hundido a los últimos puestos de América Latina. Los parches no cambian al monstruo.
Por eso los hermanos cristianos de la Iglesia Evangélica han presentado un Plan para transformar la educación, totalmente diferente al del Gobierno.
Y la Iglesia Católica ha celebrado un precongreso nacional y prepara el primer Congreso Nacional de Educación Católica, rechazando totalmente el PNTE y colaborando para la definición de políticas, planes y programas que saquen a la educación nacional del desastroso caos en el que está enterrada.