Contra la prensa, como el stronismo

El 1 de julio último, el presidente Santiago Peña expuso su segundo informe de gestión ante el Congreso Nacional. Su discurso lo inició con un tono soberbio y por supuesto atacó a la prensa crítica tal como lo hacía la dictadura del general Alfredo Stroessner, que clausuró medios de comunicación que molestaban.

Es el periodismo que incomoda al Presidente con preguntas. El periodismo que no tolera. El mandatario no acepta el disenso. Las voces críticas. ¿Pero qué dijo el jefe de Estado el 1 de julio? Empezó su alocución así: “Esta fecha se ha convertido en rutinaria en los últimos 33 años: el Presidente destaca sus logros; sus parlamentarios afines los celebran; los opositores lo critican; y la prensa titula, fatídica e infaliblemente: “El Presidente pintó un país de maravillas”.

También agregó: “Los “sin votos”, los que quieren influir desde sus conglomerados mediáticos o empresariales, no los van a querer nunca: no saben lo que es recorrer las calles, pedir el voto de la gente, el fragor de las necesidades. Quieren gobernar desde sus cómodas oficinas y sus grupos de empresas”.

La actitud de Peña con el periodismo crítico no es nueva. En varias ocasiones arremetió contra los medios de comunicación que hacen periodismo, no al estilo del diario stronista Patria. Peña incluso en una ocasión maltrató verbalmente a un colega, apuntando amenazante con el dedo cuando le preguntó sobre su lazo con un banco que ahora tiene en sus manos el dinero del IPS.

Al Presidente le molesta el periodismo que indaga, pregunta, consulta, contrasta, chequea, el que cuestiona al administrador del dinero público. Que desnuda las injusticias, las carencias, los padecimientos de la ciudadanía. Que muestra el día a día de la gente en los hospitales, en la calle esperando el ómnibus chatarra, el que sufre la inseguridad y procura que el motochorro no lo desplume, el que sufre el acoso de los denominados chespis. El ciudadano que transita las calles y rutas en estados calamitosos.

La gente que ve con impotencia que su dinero no rinde y no llega a fin de mes. El que envía a su hijos e hijas a instituciones de enseñanza pública que se caen a pedazos o que dan clases a la intemperie por falta de aulas. La prensa que recuerda a Peña que los indígenas no están mejor. El que muestra que el Presidente tiene vínculos con empresarios amigos. Ese es el país real, no el país del PowerPoint.

martin.riveros@abc.com.py