Cuando Jesús fue bautizado, se oyó una voz del cielo que decía: ‘Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección’.
Es una manifestación de la Santísima Trinidad, y también una revelación de Jesucristo, como enviado por Dios Padre, para realizar una sublime y exigente misión: la Redención del ser humano.
Después de su bautismo, Jesús empezó su tarea pública, anunciando el Evangelio, sanando a los enfermos y derrotando toda clase de espíritus impuros.
Nosotros recibimos el bautismo cristiano, muy distinto del de Juan Bautista, que era solamente una invitación para ser más honesto, más austero y menos vanidoso. Hoy diríamos un “sacramental” .
Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy
Nuestro bautismo es una inmersión en la vida del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, lo que significa una nueva creación, pues la gracia del Señor nos purifica y nos compagina interiormente.
Tendríamos que alabar a Dios por este grandioso regalo de su generosidad, y agradecer al sacerdote o diácono que nos bautizó.
Sin embargo, vemos con tristeza que, para muchas personas, el tesoro de su bautismo pasa como algo casi inexpresivo. Además, muy pocas personas celebran el aniversario de su bautismo, incluso ni siquiera saben la fecha en que fueron bautizadas.
El bautismo abre las puertas para recibir los otros sacramentos y nos libera del pecado, que es la raíz de todos los males que nos quebrantan.
Asimismo, somos regenerados y rehabilitados como hijos de Dios, pasamos a ser miembros de Cristo, y este es el motivo de fiesta, ya que ahí está la fuente de la salud física y espiritual.
También somos incorporados a la Iglesia y recibimos el privilegio de participar de su misión. Es una ventaja ser convocado a colaborar en la tarea de la Iglesia, ser y sentirse un miembro suyo. Esta misión es la misma del Hijo Querido del Padre: anunciar el Evangelio, sanar a los enfermos y derrotar los malos espíritus que nos seducen y despistan.
Así, derrotemos la pereza que, como espíritu impuro, nos atrapa. Además, tengamos el cuidado de no enterrar los talentos que el Señor nos concede.
Vivamos con la dignidad de Hijos Queridos del Padre, y seguramente participar de la Misa todos los domingos es una actitud que nos fortalece.
Además, renovemos y practiquemos siempre las hermosas Promesas de nuestro Bautismo.
Paz y bien