Sostener que el traslado de casi 8.000 alumnos del sistema privado al público es un indicador de que la gente tendrá “más plata en el bolsillo” es, por decir lo menos, un ejercicio de descaro estadístico. Lo que el mandatario presenta como un alivio financiero es, en rigor, el síntoma de una debacle.
Ningún padre, en su sano juicio, retira a su hijo de una institución privada —donde busca asegurar una base mínima de competitividad— por mera preferencia económica. Lo hace porque el dinero ya no alcanza, porque la inflación silenciosa devoró el poder adquisitivo y porque la elección ya no es entre ahorrar o gastar, sino entre comer o educar.
El presidente hace cuentas de almacenero: habla de un ahorro de G. 500.000 por niño, sugiriendo que una familia de sueldo mínimo “aumenta” sus ingresos en un 50% al migrar a la escuela pública. Esa lógica ignora deliberadamente el costo de oportunidad y la calidad del servicio recibido.
¿A qué sistema está invitando el Ejecutivo a refugiarse? Los datos son contundentes y no admiten maquillaje oficialista. Según el último informe del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA), Paraguay se encuentra en los peldaños más bajos de la región y del mundo. Siete de cada diez estudiantes paraguayos no alcanzan las competencias básicas en matemáticas, lectura y ciencias.
Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy
Obligar a una familia a abandonar el sistema privado para ingresar a una escuela pública con techos que se caen, falta de docentes y resultados académicos mediocres no es para “tener más plata”; es condenar a la siguiente generación a una mayor desigualdad. Es un ahorro que se paga con el futuro de nuestros hijos.
Decirle a un padre que “está mejor” porque ya no puede pagar el colegio de su hijo es una afrenta. Es intentar torcer una verdad incómoda: la clase media está empujada hacia abajo por la falta de políticas públicas serias y una gestión económica que solo parece favorecer a los que ya están en la cima.
El presidente Peña parece olvidar que la economía no son solo números fríos, son personas, son sueños postergados y es, sobre todo, la angustia de no poder dar a los hijos algo mejor de lo que uno recibió. Señor Presidente, migrar a lo público por necesidad no es progreso, es retroceso. Y pretender venderlo como un éxito es, simplemente, un insulto a un pueblo que ya está cansado de vivir en una realidad maquillada.