“Progreso” mal planificado

La alerta sobre la posible contaminación del arroyo Poti’y, en el límite entre Encarnación y Cambyretá, es el recordatorio visual y olfativo de una deuda histórica. Ver las máquinas de la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) retirando toneladas de maleza acuática nos obliga a preguntarnos ¿Estamos limpiando un arroyo o estamos tratando de maquillar un error estructural que lleva décadas gestándose?

El problema del Poti’y no son las macrófitas —esas plantas invasoras que hoy cubren su superficie—, son solo el síntoma. El mensajero que nos avisa que algo en el agua está profundamente mal. Irónicamente, según los técnicos, estas plantas están cumpliendo la función que nosotros, como sociedad y como Estado, hemos fallado en realizar. Ellas filtran la suciedad orgánica que vertimos y terminan en nuestros cauces hídricos. Retirarlas por “estética” sin atacar la raíz del problema es como intentar curar una infección crónica con una simple venda.

Lo más alarmante del informe técnico es la confesión de una negligencia original. El ingeniero Victoriano Vázquez, de la Municipalidad de Encarnación, lo dijo con una claridad que debería indignarnos, “el terreno no fue preparado para ser curso de agua saludable”. Cuando la represa de Yacyretá inundó estas tierras, no se realizó el dragado necesario ni se sellaron adecuadamente los pozos ciegos de las zonas que quedarían bajo agua. Se creó un “subembalse” sobre un cementerio de residuos, y hoy nos sorprende que el agua se estanque y se pudra.

Es fácil culpar a la naturaleza o a la “especie invasora”, pero la realidad es que el Poti’y es hoy un ecosistema artificial y vulnerable, producto de un crecimiento poblacional que no fue acompañado por una infraestructura de saneamiento básica. Mientras las ciudades de Encarnación y Cambyretá crecen con orgullo hacia el cielo, sus desechos siguen fluyendo arroyo abajo.

La EBY y los municipios no pueden limitarse a ser “recolectores de basura acuática” cada vez que el aspecto visual del arroyo daña la imagen turística de la zona. Se requiere una intervención profunda. ¿Estaban conscientes de que esto era una posibilidad?, lo más probable es que sí. Existen soluciones integrales pero costosas, ¿Habrá voluntad, recursos y conciencias para implementarlos?

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Los estudios dicen que la calidad del agua aún está en rangos “regulares”. Ese “regular” debería ser un grito de guerra para las autoridades del Mades, de la EBY y de ambas municipalidades. No podemos esperar a que los indicadores lleguen a niveles críticos para actuar con seriedad.

El Poti’y es el espejo donde se refleja nuestra capacidad —o incapacidad— de convivir con el desarrollo hidroeléctrico sin sacrificar el entorno. Si no dejamos de arrojar residuos y si las autoridades no corrigen los errores de planificación del pasado, no habrá retroexcavadora en el mundo capaz de limpiar la mancha de nuestra propia desidia. Es hora de dejar de limpiar la superficie y empezar a sanar desde el fondo.

sergio.gonzalez@abc.com.py