Una “vitória bem paraguaia”

Represa hidroeléctrica paraguayo-brasileña Itaipú y la cabecera  del embalse.
Represa hidroeléctrica paraguayo-brasileña Itaipú y la cabecera del embalse.GENTILEZA

Una década atrás, el aluvión de opiniones sobre los tratados de Itaipú y Yacyretá obligó a los editores del Suplemento Económico de ABC convertir las páginas 2 y 3 en un “espacio para el debate”. En principio, la inquietud que fogoneaba ese propósito era la renegociación del Tratado de Itaipú y, de esa manera, sumarnos a la lucha por la eliminación de las asimetrías que favorecen al Brasil en el aprovechamiento de sus beneficios. Hoy recobra intensidad el desafío de qué hacer con nuestra energía. Desde este andarivel planteamos que siga el debate y que sus conclusiones permitan a la ciudadanía enterarse de la conducta real de sus gobernantes en esas trincheras de defensa de los intereses nacionales.

Reconocer un resultado positivo no implica absolver a un régimen. Pero negar hechos históricos por repulsión moral o sesgo político no constituye un pensamiento crítico honesto. Separar el juicio ético sobre el stronismo del análisis estratégico del Tratado de Itaipú es una condición mínima para entender uno de los acuerdos geopolíticos y económicos más importantes en la vida de la nación paraguaya.

La tesis de este artículo es simple: en el contexto de 1973 y bajo una asimetría extrema entre Paraguay y Brasil, el Tratado de Itaipú fue sorprendentemente favorable para Paraguay.

El problema histórico no estuvo en lo que se firmó, sino en lo que el Estado paraguayo —primero bajo el stronismo y sucesores luego— fue incapaz de hacer con ese recurso y renta.

1. El contexto real: una asimetría extrema

Cualquier evaluación honesta del Tratado de Itaipú debe partir del contexto concreto de 1973, que suele ser omitido por sus detractores.

Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy

Brasil era entonces una potencia regional emergente, en pleno “milagro económico”, con un Estado desarrollista, aparato técnico-diplomático de primer nivel y un interés estratégico vital: asegurar energía abundante y barata para su industrialización.

Paraguay, en cambio, era un país pobre, rural, sin industria relevante, sin mercado interno, sin capacidad financiera, sin acceso fluido al crédito internacional, sin know-how técnico para megaproyectos y sin poder militar ni diplomático comparable.

En ese marco, la alternativa real no era “un mejor tratado versus un peor tratado”, sino Itaipú o nada parecido a Itaipú. Más que una negociación ideal, fue un ejercicio de supervivencia estatal.

2. Stroessner y la geopolítica defensiva

Alfredo Stroessner no fue un modernizador ni, desde luego, un demócrata. Pero sí fue un actor astuto en términos de geopolítica defensiva.

En Itaipú, el régimen hizo varias cosas bien: jugó la carta de la soberanía compartida en lugar de una concesión; evitó que Paraguay quedara reducido a un simple apéndice energético brasileño; explotó la rivalidad Brasil-Argentina y el contexto de la Guerra Fría; y entendió que Brasil necesitaba Itaipú tanto como Paraguay.

No fue un acto de genialidad técnica, pero sí de olfato político. En condiciones de debilidad estructural, Paraguay maximizó su único activo estratégico: el control soberano del recurso hídrico y su ubicación geográfica.

3. Qué se logró objetivamente con Itaipú

Con todos sus claroscuros, el Tratado de Itaipú fue bien negociado. No consiguió todo lo que Paraguay podía haber deseado, pero una buena negociación no es un juego de suma cero: es un toma y daca.

En condiciones de asimetría extrema, Paraguay obtuvo:

- El 50% de la propiedad jurídica real de una de las mayores, más eficiente y rentable hidroeléctrica del mundo.

- Igualdad formal en la entidad binacional. Y los desequilibrios iniciales se explicaban por la capacidad tecnológica y origen de los fondos de financiación.

- Acceso a una renta energética de largo plazo.

- Construcción de la obra sin aportar capital propio significativo.

- Una cláusula de revisión financiera a los 50 años.

Lo que algunos críticos brasileños resumieron como “Paraguay solo puso el agua” fue, en términos de derecho internacional y soberanía, el activo decisivo que permitió transformar un recurso natural en un pilar de poder de la nación.

4. La paradoja de Itaipú: buen acuerdo, mala administración

El balance neto del Tratado para Paraguay fue positivo. En términos contrafactuales razonables, sin Itaipú el país sería hoy más pobre, sin renta energética, sin infraestructura asociada y con menor peso geopolítico.

El verdadero problema no fue el tratado en sí, sino qué se hizo —o no se hizo— con esa renta. El stronismo carecía del ADN institucional necesario para convertir ingresos extraordinarios en desarrollo. Itaipú fue usada como recurso fiscal y político, no como plataforma de industrialización, política energética o acumulación tecnológica.

Riqueza no es lo que tienes. Riqueza es lo que haces con lo que tienes. Y aquí la clara paradoja: un acuerdo bien logrado bueno administrado por un régimen incapaz de convertir el crecimiento en desarrollo.

5. “Una victoria bien brasileña”: la ironía

En mayo de 1973, el periodista brasileño Murillo Melo Filho publicó en la revista Manchete un artículo titulado “Itaipú es ante todo una victoria bien brasileña”. El texto celebraba la capacidad de Brasil de planificar y ejecutar un megaproyecto continental, destacando que Brasil ponía el capital, el mercado y la tecnología, mientras Paraguay “solo” aportaba el agua.

Pero esa frase operaba en dos planos. En el plano explícito, exaltaba el poder brasileño. En el plano implícito, contenía una ironía: Paraguay no ponía capital ni asumía deuda, no aportaba tecnología ni mercado, y aun así obtenía el 50% de la propiedad y derechos sobre la energía.

Para muchos observadores brasileños, esa “victoria” implicaba cargar con todos los costos. No es casual que, con el tiempo, el tratado haya sido criticado en Brasil como excesivamente generoso con el Paraguay.

6. Largo plazo y actualidad: de 1973 a 2024

El hecho de que el Tratado obligara a revisar las bases financieras a los 50 años confirma su visión estratégica. Itaipú no fue una entrega perpetua, sino un contrato de construcción y amortización.

Una vez cancelada la deuda en 2023, Paraguay recuperó margen de maniobra. El acuerdo Peña–Lula de 2024, que amplía la posibilidad de vender excedentes a precios y mercados más favorables, es resultado directo de esa arquitectura jurídica.

El desafío sigue siendo el mismo: utilizar esa renta y esa libertad para superar la incapacidad histórica del Estado paraguayo de transformar ventajas estratégicas en desarrollo productivo real.

Conclusión

En el contexto de 1973 y bajo una asimetría extrema, el Tratado de Itaipú fue un resultado sorprendentemente favorable para Paraguay. Stroessner jugó con pragmatismo y habilidad geopolítica.

Esto no absuelve al régimen. Pero obliga a una lectura más objetiva: el problema histórico no fue lo que se firmó, sino lo que el Estado paraguayo no supo —ni pudo— hacer con el resultado obtenido.

El problema histórico

El problema histórico no fue lo que se firmó, sino lo que el Estado paraguayo no supo —ni pudo— hacer con el resultado que obtuvo.

Significado del contexto

En 1973... el Tratado fue un resultado sorprendentemente favorable al Paraguay. Stroessner jugó con pragmatismo y habilidad...