El precio de la improvisación

El incendio de la Catedral San Blas de Ciudad del Este no solo dejó daños materiales y una profunda conmoción en la feligresía, sino que también desnudó una realidad preocupante: la precariedad con la que opera el Cuerpo de Bomberos Voluntarios de la ciudad. La emergencia evidenció la falta de equipos como un autoescala para combate de incendios en altura, una herramienta indispensable en una de las urbes con mayor cantidad de edificios elevados del país.

Resulta alarmante que, pese al crecimiento vertiginoso de Ciudad del Este, sus organismos de respuesta sigan dependiendo mayormente de donaciones y aportes ciudadanos. A esta altura, los bomberos deberían ser instituciones sólidamente estructuradas, financiadas de manera estable y dotadas de todos los recursos necesarios para un trabajo tan delicado como riesgoso. No se trata de un servicio accesorio, sino de un pilar fundamental de la seguridad pública.

La capacidad de respuesta ante emergencias no puede manejarse a la ligera porque toda ciudad que aspire a desarrollarse con seriedad debe garantizar un sistema de atención de desastres eficiente, profesional y bien equipado. Los incendios o catástrofes no avisan, y cuando ocurren, cada minuto y cada herramienta puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

El propio presidente del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Ciudad del Este, Andrés Fernández, advirtió que si uno de los poblados edificios del microcentro llegara a incendiarse, la situación podría tornarse trágica. La afirmación no es alarmista, sino realista, y debería encender las alertas de las autoridades responsables de la planificación urbana y la gestión de riesgos. Hoy fue un templo histórico; mañana podría ser un edificio repleto de personas.

A esto se suma otro factor crítico: el crecimiento desordenado de la ciudad. La proliferación de torres comerciales y residenciales no fue acompañada por una inversión en infraestructura de seguridad. Se construye hacia arriba, pero la capacidad de respuesta sigue anclada al pasado. Esa desconexión entre desarrollo inmobiliario y previsión estatal configura un escenario de alta vulnerabilidad.

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También es necesario abrir el debate sobre el modelo de financiamiento. No es razonable que quienes arriesgan la vida para salvar a otros deban organizar colectas para reparar móviles o adquirir equipos. El Estado, en sus distintos niveles, junto con el sector privado que se beneficia del dinamismo económico local, deben asumir un compromiso real y sostenido.

Ciudad del Este no puede seguir creciendo en altura mientras su sistema de emergencias permanece en precariedad. Porque cuando el fuego avanza, la improvisación se paga demasiado caro.

tereza.fretes@abc.com.py