Pero mientras las redes se llenaban de comentarios, más en contra que a favor de los chicos que se sienten lobo o gato, no nos dábamos cuenta de que en nuestra política hace tiempo que convivimos con nuestros propios “therians”, pero vestidos de saco y corbata.
El uso de animales como autocalificación o insulto es una vieja costumbre. Podemos citar los casos más llamativos, como la de la exdiputada Del Pilar Medina, quien se autodefinió “perrita” de Cartes. Rocío Abed también siguió el mismo discurso y dijo que “mueve la colita” por su líder.
Por otro lado, Celeste Amarilla se había presentado como “pitbull” que va directo al cuello, para demostrar que es capaz de defenderse. Mientras que el exintendente Nenecho también se proclamó “pitbull” para no soltar a su adversaria, pero terminó huyendo como una rata al estar acorralado por la intervención.
Javier Zacarías Irún en una ocasión se disfrazó de capibara (carpincho), pero muchos decían que su vestimenta parecía más a la de un ratón. Mario Abdo había llamado “garrapatas” a los cartistas, con el fin de descalificar. En síntesis, convivimos entre títeres, osos, gallos paloma, topos, ratas y zorros en el Congreso, los ministerios y otras instituciones públicas que parecen un zoológico con aire acondicionado.
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En la política es habitual la utilización de adjetivos “therianos”. El conflicto se produce cuando la identidad política no nace de convicciones propias sino del instinto de seguir a un grupo sin criterio y de “actuar en manada”. O sea, cuando no existe una decisión autónoma y se vota según dice el patrón.
Mientras tanto, a los adolescentes que adoptan identidades simbólicas se les exige madurez o se los amenaza con “garrote”. Tal vez deberíamos exigir lo mismo a nuestros políticos, que dejen de actuar como caníbales y empiecen a actuar con madurez.
Para la manada política, que responde a un solo líder, que les quede claro que necesitamos representantes que actúen con respeto y con ideas independientes. Si vamos a discutir sobre “therians”, empecemos por mirarnos al espejo, porque el verdadero problema no es que algunos jóvenes jueguen a ser animales, sino que algunos adultos en el poder gobiernen como si lo fueran.
jose.peralta@abc.com.py