Muchas mañanas es quien me sirve el café y en el poco tiempo del que dispone para intercambiar impresiones hablamos acerca de la situación en su país, del que se marchó hace unos años a causa de la penuria económica y los atropellos del hoy depuesto gobernante Nicolás Maduro.
Esta mujer venezolana, con una parte de su familia instalada en España y la otra capeando el temporal chavista, vivió con gran júbilo las elecciones de julio de 2024 que le dieron la victoria al opositor Edmundo González Urrutia.
Después de esos comicios, que el madurismo truncó al negarse a dar por bueno lo que el resto del mundo vio como un claro triunfo del bloque opositor, ella no tenía dudas de que González Urrutia y María Corina Machado, artífice de una brillante campaña electoral que logró orquestar dentro de Venezuela a pesar de vivir en aquel momento en la clandestinidad, acabarían por liderar la transición a la democracia.
Mi amiga (la familiaridad se afianza en el trato casi diario) lloraba de emoción ante la posibilidad, que ya no era remota, de un eventual regreso a la patria. A fin de cuentas, la vida del que se ve obligado a dejar su país por razones económicas y/o políticas nunca es de color de rosa.
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Los meses pasaron y la conversación sobre el cambio y el retorno se apagó poco a poco. Pero fue la aparición de María Corina en Oslo, donde le entregaron el Premio Nobel de la Paz, lo que le devolvió una esperanza que se transformó en alegría mayúscula cuando a principios de enero un operativo del gobierno de Estados Unidos sacó a la fuerza a Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.
Poco después, el matrimonio fue trasladado a una prisión en Nueva York, donde serán enjuiciados. “Ahora sí viene el cambio”, me aseguró una mañana en la que atendía a los clientes de la concurrida pastelería. Mi amiga confiaba en que María Corina y el presidente electo volverían muy pronto para liderar la ansiada transición.
Desde entonces, las dos figuras más relevantes de la oposición permanecen en el extranjero mientras la chavista Delcy Rodríguez ejerce de “presidenta encargada” porque el presidente Donald Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, la seleccionaron para “gestionar” la tutela de Washington.
El círculo de poder que rodeaba a Maduro sigue más o menos intacto; el presidio político no acaba de vaciarse en una puerta giratoria en la que los opositores están a la merced de los chavistas “reciclados”; la designada por los estadounidenses es la interlocutora de los enviados con los que despacha acerca del petróleo venezolano que debe ser entregado a Estados Unidos.
Y en un escenario político bipolar Trump afirma que él es quien manda en esa suerte de protectorado, a la vez que la “presidenta” puesta por él da a entender en una entrevista a la cadena NBC que, si María Corina regresara, “tendrá que responder ante Venezuela”, como si la forajida fuera la opositora y no la cómplice de violaciones de derechos humanos que espera ser recibida en la Casa Blanca.
Lógicamente, mi amiga venezolana no es la única sumida en el desconcierto. En una entrevista concedida al diario español El País, el economista y ex ministro Ricardo Hausmann, afincado en Estados Unidos y al frente de un programa de ciencias políticas en la universidad de Harvard, no oculta su creciente escepticismo: “Si Trump no facilita la transición a la democracia, vamos a tener que oponernos a su estrategia.”
El prestigioso académico verbaliza algo que, si lo piensan, muchos de sus compatriotas no lo expresan. Para Hausmann, la estrategia que hasta ahora exhibe Washington es, cuando menos, “imprevisible”.
Sin duda, no conozco ningún venezolano de la diáspora que no haya celebrado que Maduro esté fuera del juego. No es menos cierto que el protagonismo de Delcy Rodríguez, su hermano, Jorge Rodríguez, y un personaje tan siniestro como Diosdado Cabello, es un factor inquietante en este cambalache donde no combinan bien los anhelos con los intereses.
Por lo pronto, Washington no tiene prisa por que se celebren unas elecciones presidenciales y Trump ya tiene el Premio Nobel de la Paz que le cedió María Corina después de una presión por parte del mandatario que rozó el acoso más descarado. De eso tampoco hablo con mi amiga venezolana en ese momento de respiro que tiene en las largas jornadas de trabajo lejos de su añorada Venezuela. [©FIRMAS PRESS]
*Artículo gentileza. La autora es periodista y escritora. Desde hace más de cuatro décadas publica una columna semanal en el Nuevo Herald y en diversos periódicos en América Latina. Escribió "Deséenme un buen viaje. Memorias de una despedida (Planeta 2024). En 2009 publicó la novela La mala fama(Plaza y Janés) y en 2006 coordinó y prologó Un día sin inmigrantes(Grijalbo).