El partido de fútbol del gobierno

Forzando una analogía con el fútbol, días atrás, el presidente Santiago Peña y el flamante jefe de Gabinete Javier Giménez hicieron un balance de gestión al llegar a la mitad del mandato, afirmando que van “ganando 2 a 0” y que ahora se viene el “segundo tiempo”.

Giménez no explicó cómo hicieron el cálculo del resultado que llevan del “partido” pero se explayó un poco más sobre la metáfora utilizada por el gobierno: “Este segundo tiempo se inicia cuando el resultado es de 2 a 0. Ese es el peor de los resultados, porque te vas al vestuario satisfecho creyendo que el partido ya se resolvió, pero esos partidos te terminan dando vuelta. El Presidente nos dijo: salgan a morder la cancha”, reveló el funcionario.

Quien conoce más o menos de fútbol, entiende que lo dicho por Giménez y Peña es contradictorio y no sirve de nada para evaluar la gestión. Parece solamente una analogía que apunta a evadir cualquier debate serio.

Es como explicarle a un hincha de fútbol que su equipo gana (supuestamente, aunque no se sabe quién ni en qué momento se hicieron los goles), pero podría perder o hasta ser goleado en el segundo tiempo del partido y la única indicación del técnico es “morder”, o sea, tratar de suplir con ánimo la ausencia de estrategia o planes concretos.

Por otro lado, el presidente Peña salió en estos días a prometer que hará del Hospital Nacional de Itauguá un centro de alta complejidad de los más modernos, que será de referencia en la región. Mientras tanto, la salud pública a nivel nacional atraviesa una crisis profunda por falta de insumos, mala gestión y corrupción galopante. Tal vez, hubiera sido suficiente que el presidente dijera que mejorará la situación.

El nuevo ministro de Industria Marco Riquelme, en tanto, salió a prometer una “revolución industrial” vocablo ligado inevitablemente al periodo histórico ocurrido en Europa entre los siglos XVIII y XIX. Eso llevó a preguntarse si no estaremos un tanto atrasados como país.

Más allá de exabruptos o bromas de ocasión, el anuncio de Riquelme parece más propio de un inicio de gestión y no de un “segundo tiempo” en el que, según el técnico, solo hay que aguantar un resultado supuestamente positivo.

Lo concreto: entre un partido de fútbol de resultado incierto, promesas rimbombantes y revoluciones fuera de época, al gobierno de Peña se le avecina un periodo electoral cargado de presiones partidarias en el que, posiblemente, ni mordiendo con ganas le alcance para conseguir siquiera una derrota decorosa.