Milagro en escuela

El derrumbe del techo de un aula de preescolar en la Escuela Básica Nº 1653 María Auxiliadora, del distrito de RI 3 Corrales, no terminó en tragedia por una simple casualidad.

Ocurrió fuera del horario de clases y justo en un día en que docentes y alumnos no asistieron por una jornada de protesta. De lo contrario, hoy probablemente estaríamos lamentando niños heridos o incluso muertos bajo los escombros de una escuela pública.

Este tipo de hechos deja al descubierto una realidad dolorosa y repetida en Paraguay: el abandono sistemático de la infraestructura educativa, especialmente en comunidades rurales y vulnerables.

Mientras en discursos oficiales se habla de mejorar la calidad de la educación, muchas escuelas del interior siguen funcionando en pabellones viejos, deteriorados y sin mantenimiento, donde cada jornada de clases puede convertirse en un riesgo.

Las municipalidades, la Gobernación y el Gobierno actual son prácticamente instituciones muertas en el Paraguay. Hoy en día están más enfocados en comerse toda la plata de las arcas municipales para poder derrocharla en sus campañas políticas y posteriormente seguir con el mismo sistema deteriorado del país.

Los que hacen política en el país no tienen ninguna compasión. Son monstruos escondidos en cuerpos humanos que lo único que les importa es llenar sus bolsillos con el dinero de la gente, sin importar si escolares mueren en escuelas deterioradas o en hospitales sin medicamentos, insumos y médicos.

Lo ocurrido en RI 3 Corrales no es un hecho aislado. Es el reflejo de años de desidia estatal, donde las reparaciones llegan tarde o simplemente nunca llegan. La educación de los niños más pobres del país sigue dependiendo muchas veces de edificios improvisados, estructuras envejecidas y presupuestos que no alcanzan ni para lo básico.

Esta vez hubo suerte. Un verdadero milagro evitó una tragedia. Pero el país no puede seguir confiando en milagros para proteger a sus niños.

Cuando el techo de una escuela se derrumba, no solo cae una estructura: también queda al descubierto el fracaso de un Estado que no logra garantizar ni siquiera lo más elemental, que es la seguridad de los estudiantes dentro de sus propias aulas.

victor.barrera@abc.com.py